Dilucidando…

De lo sublime a lo ridículo: esa película ya la hemos visto

De acuerdo con el diccionario, la manipulación de la opinión y la conducta de la gente por medio de halagos, engaños o falsas promesas, principalmente con fines políticos se denomina DEMAGOGIA. Término o concepto tan antiguo como la organización social del hombre en la faz de la tierra y arraigado en el vocabulario mexicano; aunque muchas veces con desconocimiento real y pleno de su significado y de sus repercusiones.

No hace mucho un presidente, al que la opinión pública le denominó de manera peyorativa o no, el innombrable,  nos prometió llevarnos como país al primer mundo; nos vendió la idea de que era el momento de despegar como nación; que había que aprovechar las circunstancias y coyunturas para hacerlo. Que el cabal acatamiento del conjunto de recomendaciones de política económica formuladas por lo que se conoció como el Consenso de Washington las cuales estaban orientadas a los gobiernos de los países latinoamericanos (economías emergentes). Que el adelgazamiento del Estado a través del proceso de privatización y la puesta en marcha del programa emblemático de la administración para reducir de manera considerable los índices de pobreza (PRONASOL), eran señal evidente de abordar el vuelo a la integración de los países  primermundistas; y la triste realidad nos mostró que el avión que pretendíamos abordar no tenía instrumentos de vuelo, ni tripulación, ni combustible.

Con el inicio del milenio y del nuevo siglo surgió en el escenario un señor de botas vaqueras y de una formación profesional trunca y tiempo después resarcida, y con una visión empresarial o al menos gerencial de una empresa trasnacional que haciendo acopio de la demagogia, ilusionó a más de uno con la promesa de cambiar radicalmente al país, pero desde adentro de sus entrañas, eliminando la corrupción y la impunidad gubernamental. Al paso de los días y los meses todo continuó igual, nada cambió, los que llegaron pronto aprendieron el caminito e incluso hasta lo asfaltaron.

Doce años después en el horizonte histórico, aparece un nuevo mesías encopetado y envaselinado, que haciendo acopio de los medios de comunicación y de una estrategia de márquetin se posicionó en el ánimo del electorado como la luz al final del túnel; como la sangre nueva y la nueva generación de gobernantes capaces de sacar al país de atolladero a través de un conjunto de Reformas Estructurales, las cuales se tenían que haber implementado desde el siglo anterior, pero por alguna extraña circunstancia no había sucedido.

Y bajo el principio que más vale tarde que nunca, nos vendió la idea de MOVER A MÉXICO, para colocarnos en los primero planos del nuevo entorno globalizado, seguramente influenciado por el texto de George Friedman, “Los próximos cien años”. Pasando de manera tácita y vertiginosa de lo sublime a lo ridículo, al menos así lo reflejan las cifras contenidas en las últimas encuestas de aceptación y credibilidad ciudadana en la figura presidencial.

Hoy el país tiene una serie de frentes abiertos, el país está incendiado socialmente a causa de la corrupción e impunidad prevaleciente en las esferas gubernamentales; a causa de las acciones emprendidas por el crimen organizado y desorganizado; a causa de comprobar que seguimos viviendo en el país del  “no pasa nada”; a casusa de la demagogia; a causa de las absurdas declaraciones de la clase política y de los defensores de lo indefendible; y a causa de la razón principal…”el engaño institucional y sistemático”.

A que me refiero, una gran mayoría de los 119 millones de habitantes de esta gran nación, nacimos, nos desarrollamos y nos acostumbramos a estar inmersos en crisis económicas sexenales; a estar inmersos en inflaciones e hiperinflaciones; a estar inmersos en un permanente a juste a los precios de los energéticos (gas y gasolinas, fundamentalmente) y por consiguiente al ajuste de los precios de todos los productos, porque nos han dicho siempre que el país se mueve gracias a estos energéticos; a estar inmersos en una variedad y/o tipos de crisis: de representación, de legitimidad, de aceptación o credibilidad y hasta de valores cívicos o morales.

Pero jamás la sociedad mexicana había estado inmersa en la burda y ruin mentira institucional, de manifestar en cadena nacional, ¡que se habían acabado los gasolinazos!, que gracias a la implementación de la reforma energética los precios de los combustibles (gas, diésel y gasolinas) bajarían de precio, que había llegado a hora de mover a México. En otras palabras, el grado de enfado o descontento social no se debe al incremento de los energéticos, pues de alguna forma es o era una práctica recurrente, lo que enfada y enardece creo yo, es el acto del engaño, de la demagogia de decir algo y hacer exactamente lo contrario.

Y si a este escenario alebrestado le sumamos, las explicaciones técnicas que intenta dar el gobierno en torno a los ajustes en los precios; le sumamos que el gobierno determinó que el costo de estos incrementos  fuese absorbido en su totalidad por la ciudadanía;  y si  le sumamos que no existe la mínima intención o voluntad política por hacer un verdadero ejercicio de adelgazamiento del Estado mexicano que redunde en una seria reducción del gasto público (reducción de los integrantes de ambas cámaras, eliminación de gastos de representación gubernamental y de gastos superfluos como los bonos, eliminación de pensiones vitalicias y eliminación de prorrogativas a los partidos políticos, entre otros).

No cree usted que la ciudadanía tenga elementos suficientes para estar enfadada y lo que le sigue, si la única percepción que tiene y ha tenido en los últimos tiempos, es la del desagravió por parte de su clase gobernante. Habrá que estar atentos a las posibles repercusiones de esta demagogia institucionalizada, pues en breve habrá comicios electorales en la entidad para determinar al próximo inquilino del palacio de Lerdo.

Jorge Carrión

@jocait69

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