Shaira Mulia Shaira Mulia

LA LÍNEA 12 A UN AÑO

#Opinión por #ArturoArgenteVillareal

 

Hay días en los que vivir en México duele mucho más que otros días. Lo cierto es que la vida diaria que enfrentamos en este país tiene un tinte de dolor y sufrimiento y éste sentir se hace palpable con los periodistas, con la situación de alto riesgo que viven las mujeres en México y con la sangrienta batalla que se vive día a día con el narcotráfico. El 3 de mayo del año pasado, la muerte anduvo circulando en la capital mexicana. Eran poco más de las diez de la noche del 3 de mayo, cuando una de las trabes de la interestación Tezonco-Olivos se venció y dos vagones del tren que iba pasando y cayeron al vacío.

La línea 12 representaba para los habitantes de Tláhuac el alivio de dejar atrás un éxodo de tres y
cuatro horas diarias de viajes en transporte público. La línea 12 del Metro fue una obra que se
terminó con diez meses de retraso y costó 9 mil 222 millones de pesos extra, más del 50 por ciento del monto original. Desafortunadamente esta obra no fue la excepción, es la regla que tienen las obras públicas de nuestro país, el símbolo pleno de corrupción que rodea el desarrollo público de nuestra nación.

El 4 de mayo de 2021, la tragedia apareció dejando al menos 26 muertos y 77 heridos por el
desplome de dos vagones. Los propios vecinos de Tláhuac avisaron a las autoridades de las grietas que asomaban en la línea 12. El gobierno nunca hizo caso, no eran tiempos electorales.

La semana pasada se notificó el dictamen final del peritaje realizado por la empresa noruega Det
Norske Veritas (DNV). El resultado final es error en el mantenimiento, la administración de Claudia
Sheinbaum es responsable. Ante esto, el Gobierno de la Ciudad de México se ofende, victimiza y
quieren politizar una tragedia para obstaculizar el camino que nos lleve a conocer la verdad de los
hechos.

Los culpables siguen impunes ante la enferma aspiración de ocupar la silla presidencial. Lo único
que importa es llegar al poder, cueste lo que cueste y seguimos viendo cómo el pueblo sigue
siendo la victima de su propio gobierno, sigue cayendo en las trampas de las eternas promesas al
ser rehenes de un grupo que sólo desea alcanzar el poder. El caso de la línea 12 es una muestra de que los actos de corrupción tienen víctimas y causan daño en la vida de personas y comunidades.

Así como el 2 de octubre no se olvida, tampoco debe olvidar la tragedia de la línea 12. Hoy a un
año de una impunidad que ofende y lástima hasta la médula, no es momento de darle cabida al
olvido.