#OpiniónYAnálisis por #CynthiaValeriano
Cynthia Valeriano
Queridos lectores, estoy de vuelta tras unas muy merecidas vacaciones, días de descanso, reflexión y unión familiar que nos sirven como bálsamo al alma, la mente y el cuerpo para iniciar de nuevo, como cada año, con el ánimo renovado.
En el pasado fin de año e inicios del 2026, decidí ir de vacaciones con mi familia desde mi casa en el Estado de México, hasta Nueva Orleans en carretera, un viaje que llevamos años posponiendo por mil razones, la edad de los chicos, otras propuestas mejores y la verdad nos daba un poco de flojera tener que manejar tantas horas para llegar a nuestro destino. Obviamente no fue un destino directo, la belleza de los viajes en carretera es que se puede uno estacionar en varios destinos intermedios antes de llegar al objetivo final, y así lo hicimos.
Para los curiosos de los datos como yo, la distancia a recorrer en carretera es de poco más de 2,100 kilómetros, unas 23 horas y media si se desea manejar sin parar, pero como ya dije, la belleza de un road trip es que puede haber escalas, mi itinerario incluía 7 paradas: Monterrey, Isla del Padre, San Marcos, Houston, Lafayette, Nueva Orleans, San Antonio, Monterrey y de vuelta a Toluca en más o menos 14 días.
Claro que hace un viaje en carretera en nuestros tiempos no es cosa sencilla, es decir, mis recuerdos de infancia y juventud viajando con mis padres y después con mis amistades esta repleto de recorridos en carretera, sándwiches para el camino, conversaciones eternas, conteo de autos, juegos mentales y horas extra de sueño, pero viajar en carretera para todos los que somos parte de la generación X y Z implicaba, solo garantizar abasto de gasolina suficiente, snacks para el camino y ganas de conocer lugares remotos. Hoy en día además de lo anterior, se deben revisar las rutas, checar los niveles de seguridad en las carreteras, el pago de peaje, las horas mas adecuadas para cruzar por algunos territorios, evitar zonas con altos niveles de inseguridad y hacer paradas solo en sitios que se perciban como seguros porque están repletos de viajeros.
Estábamos escapando de la inseguridad, según nosotros, ya que el trayecto de carretera más largo sería en Estados Unidos, un país de reglas, con muchos puntos de vigilancia y con zonas muy identificables de inseguridad que para nuestros estándares son poca cosa, literalmente nos sentimos a nuestras anchas porque llevamos años de entrenamiento en las artes del cuidado de nuestras personas y pertenencias, así que cuando veo un letrero en algún país que dice “cuidado con los carteristas”, lo que no saben es que ya repartí mi dinero, lo llevo escondido hasta en el calcetín, miro todas partes, me recargo en las puertas y paredes para reducir mis puntos ciegos y traigo un gas pimienta en el bolsillo, nada de sorpresas, pura supervivencia.
Pues queridos amigos, como diría mi abuelo, hasta al mejor cazador se le escapa de vez en cuando la liebre, y si… Me paso, lo que nunca imagine y contra las medidas básicas de seguridad. En mi escala en San Marcos Texas, desde el estacionamiento del hotel en el que me hospedaba, nos robaron el vehículo. Imaginen la impresión y sorpresa que nos llevamos, era apenas el tercer punto de nuestro recorrido, San Marcos es literalmente un condado del tamaño de El Oro, un lugar al que la gente hace escala para hacer compras porque no tiene realmente mayores atractivos turísticos.
Ya se lo que están pensando, que no extreme precauciones, sin embargo, el vehículo estaba cerrado, sin bolsas visibles y lo dejamos estacionado en el interior de un hotel ¿Qué mas podría haber hecho?, más adelante les platicaré. La odisea empezó con la llamada a la policía local, que muy amablemente nos tomo la declaración, afortunadamente el hotel en el que me quede tenía cámaras, pudo revisarlas, al parecer se trató de dos personas que llegaron en otro auto, una de las cuales se bajo para abrir con una facilidad ridícula el vehículo desactivando previamente la alarma, para conectar manualmente los cables que le permitieran encenderla y llevársela del lugar. He visto esa escena un millón de veces en películas, pero confieso que jamás me imagine que así sucediera en la vida real.
En lo que mi esposo trataba de contactar a la agencia de seguros (cuyo negocio principal es vendernos una falsa idea de seguridad en caso de improviso pero cuando este se presenta hacer lo posible por no asumir la responsabilidad), me puse a investigar un poco más del asunto. En Estados Unidos se roban más de 180 mil autos al año, se tiene una tasa de mas o menos 463 incidentes por cada 100 mil habitantes, lo anterior a pesar de los esfuerzos de la policía, es increíble ver como incluso los autos con mayor tecnología, aquellos que utilizan el método “keyless”, es decir, usar menos la llave para las funciones obvias del vehículo como abrirlo o encenderlo, son las mas vulnerables hoy en día por ladrones que cuentan con aparatos dedicados al robo de señal.
En México no cantamos peores boleros, de acuerdo con los datos de la AMIS, cada día se roban 166 autos asegurados en México, de los no asegurados existe una cifra negra y un alto nivel de subregistro pero mas o menos la cifra roza los 100,000 vehículos si consideramos que en nuestro país solo el 30% de los vehículos están asegurados. Es decir, si sumamos los casos que están claramente registrados con el subregistro, casi alcanzamos la cifra anual de Estados Unidos, pero considerando que nuestro parque vehicular es de apenas 52 millones de vehículos para el 2025, frente a 280 millones de Estados Unidos, es decir, tenemos menos del 20% de vehículos en México, pero una tasa de incidencia mucho más elevada.
Lo anterior provoca por lo tanto que las primas de seguros en México se encarezcan, es decir, la probabilidad de sufrir un robo de vehículo en México es elevada y si a eso le sumamos la falta de cultura de aseguramiento entre los conductores, tenemos la tormenta perfecta para los maleantes.
La atención de las autoridades en Estados Unidos realmente me sorprendió, se percibían preocupados e incluso apenados con nosotros por la situación que estábamos viviendo, sin anticipar un diagnóstico concreto, el sheriff del condado nos hablaba de la existencia de un creciente mercado negro de autopartes en aquel país, debido al encarecimiento de las refacciones, a pesar de la enorme competencia entre marcas, proveedores y distribuidores, el robo de catalizadores (debido al contenido de paladio, platino y rodio) y autopartes muy valiosas como faros, calaveras y llantas que en promedio podrían generarle un ahorro de entre el 25 al 50% al consumidor, aunque no se detenga a pensar de dónde vienen las piezas que compra y lo negativo de alimentar el mercado negro. Si bien no existe una cifra clara sobre las dimensiones de esta economía, algunos observatorios hablan de una industria de miles de millones de dólares. En nuestro país, la cifra aproximada es de alrededor de 4 mil millones de dólares al año.
Una vez alertadas las autoridades, la compañía de seguros, el consulado de México y demás, no nos quedo de otra mas que esperar la liberación del reporte policial que duro poco mas de una semana en ser entregado, pero en ese período, de forma por demás eficiente (y lo digo con muchísima envidia), se mando la alerta a los puentes fronterizos (nuestro vehículo naturalmente tenía placas de México), a los departamentos de policía de otros condados e incluso a nivel nacional en caso de que le vehículo fuera utilizado para realizar cualquier acto ilícito. La campaña de notificación alcanzo al sistema financiero y fiscal, en caso de querer, por ejemplo, cargar el tanque de gasolina y el pago fuera hecho con tarjeta, se registraría la alerta. ¿El resultado? El vehículo fue recuperado 10 días después de que fuera sustraído. Ya estando en México y resignados a la idea de que habíamos perdido parte de nuestro patrimonio, la llamada del departamento de policía nos dio la noticia de que se encontraba en un corralón de San Antonio, con algunos daños menores, pero visiblemente en condiciones de ser conducida de regreso a nuestro país.
Así fue como inicie el 2026, entre policías, funcionarios públicos, aseguradoras, encargados de corralones y una decena de historias que pude engarzar a lo largo de mi travesía por la recuperación de mi vehículo, y es que en Estados Unidos la tasa de recuperación de vehículos es de más de 70% de las denuncias de robo, en nuestro país, apenas llega al 42% de vehículos asegurados, lo que genera muchas dudas en torno a la eficiencia de la administración de justicia, la vigilancia y seguridad policial y la manera en la que urge que los sistemas de todas las dependencias gubernamentales y privadas se vinculen para reducir el impacto de este delito que afecta a los usuarios y su patrimonio.
Por lo pronto, no me resta mas que desearles un 2026 repleto de cosas buenas, nuevas oportunidades y mucho por aprender para mejorar a nosotros mismos pero también a nuestro amado país.
MGPP Cynthia Valeriano López
Profesora de Economía
Tec de Monterrey, Campus Toluca