El tráfico en Ciudad de México se ha convertido en uno de los principales retos de la vida cotidiana. Millones de personas pasan horas cada día atrapadas en congestionamientos que afectan no solo los traslados, sino también la salud, el ánimo y la productividad.
El crecimiento del parque vehicular, la expansión urbana y la dependencia del automóvil han saturado avenidas clave y vialidades secundarias. Para muchas personas, un trayecto que debería tomar minutos se convierte en un recorrido largo y desgastante, con impactos directos en la vida familiar y laboral.
Especialistas en movilidad coinciden en que el problema no se resuelve ampliando carriles, sino ofreciendo alternativas reales al uso del coche. Transporte público eficiente, seguro y bien conectado, así como infraestructura para caminar y usar bicicleta, reducen la presión sobre las vialidades y mejoran los tiempos de traslado.
Además del tiempo perdido, el tráfico incrementa la contaminación del aire y el estrés urbano. Por ello, avanzar hacia una movilidad integral, donde cada persona pueda elegir cómo moverse de forma segura y eficiente, resulta clave para mejorar la calidad de vida en la capital.
Desde la perspectiva de Urbanismo Positivo, el reto del tráfico en la Ciudad de México abre la puerta a repensar la ciudad: menos dependencia del automóvil y más espacios pensados para las personas. Moverse mejor no solo alivia las calles, también transforma la forma en que se vive la ciudad.