Sierra Norte, Pue. – En materia de educación, toda una generación de niños ha debido interrumpir sus estudios. El cierre de escuelas a nivel nacional ha interrumpido la educación de más de 1.570 millones de estudiantes (un 91%) de todo el mundo.
Por la experiencia de anteriores aislamientos, los niños (y especialmente las niñas) en edad escolar que no van a la escuela durante largos periodos de tiempo tienen menos probabilidades de regresar cuando se reanudan las clases.
El cierre de las escuelas también elimina el acceso a programas de nutrición escolares y, con ello, dispara las tasas de malnutrición.
El aprendizaje y el potencial de toda una generación de estudiantes podrían verse perjudicados.
A ellos, se suma el impacto socioeconómico del COVID-19 afectando especialmente a los niños más vulnerables del mundo. Muchos ya viven en situación de pobreza y las consecuencias de las medidas de respuesta al COVID-19 amenazan con agravar aún más sus dificultades; millones de madres y padres luchan para mantener sus medios de vida y sus ingresos, y con ello, algunos niños están más expuestos al peligro de ser víctimas de explotación, violencia y abuso. Cuando cierran las escuelas, se interrumpen los servicios sociales y se restringen los desplazamientos.