En un municipio como Apatzingán, donde durante años la violencia y el machismo han marcado la vida cotidiana, hay historias que iluminan el panorama. La de Jennifer López Chacón es una de ellas: una mujer de 32 años que decidió abrirse camino en la ciencia y demostrar que el talento también florece en los territorios más complejos.
Licenciada en Ciencias Físico-Matemáticas, con una maestría en Negocios Internacionales y un doctorado en Ciencias Administrativas, Jennifer recuerda que su destino cambió cuando aún cursaba la preparatoria. Fue su participación en la Olimpiada de Física y las enseñanzas de su maestro Joaquín Delgado las que le mostraron una nueva forma de entender el mundo.
“Hasta antes quería ser ingeniera eléctrica o electrónica, pero mi maestro me enseñó a ver la física no como aparece en los libros de secundaria o preparatoria, sino desde una perspectiva completamente diferente”, comparte.
Ese descubrimiento no solo definió su carrera profesional, sino que le dio una misión: acercar la ciencia a quienes, como ella, pueden encontrar en un taller o en una charla el impulso que transforme su vida.
Pero Jennifer sabe que ningún sueño se construye en soledad, pues reconoce que el respaldo de su familia fue fundamental en su formación. “Es súper importante tener este apoyo, tanto en tu familia como en redes que te ayuden a seguir tus sueños. No todas las chicas tienen esa oportunidad, pero encontrar personas en el camino que te impulsen es muy importante. Yo he tenido la fortuna de contar con ese respaldo”, afirma.
En una región marcada por la violencia y el machismo, desarrollarse académicamente no siempre es sencillo. Por eso, Jennifer está convencida de que la divulgación científica puede convertirse en una herramienta de transformación social. Actualmente es vocal de divulgación de la Asociación Mexicana de Física y ha colaborado en el Taller Nacional Femenil de Olimpiadas, donde impulsa la participación de niñas y jóvenes.
“Muchas veces no sabes en qué momento un taller o una charla puede cambiarle la perspectiva a alguien y ayudarle a decidir qué quiere hacer en su vida académica y profesional”, reflexiona.
Para ella, descentralizar la ciencia es una tarea urgente. Señala que eventos como el Tianguis de la Ciencia, en Morelia, son experiencias valiosas, pero no siempre alcanzan a municipios como Apatzingán. Acercar estos espacios a más comunidades podría abrir nuevas rutas para las juventudes, mostrarles que existen alternativas y que pueden convertirse en protagonistas de proyectos que impacten a nivel estatal y nacional.
Hoy, Jennifer es profesora en la Facultad de Biología, donde imparte Laboratorio de Física y Estadística, y forma parte del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII). Desde ahí continúa sembrando conocimiento.
Uno de sus proyectos más recientes une ciencia, tecnología y tradición. En colaboración con la doctora Ivonne Herrerías, desarrolló una inteligencia artificial que ayuda a elegir la mejor planta polinizadora según el espacio disponible y las características deseadas: flores rojas, frutos, propiedades medicinales o especies endémicas de Michoacán. El objetivo es promover el uso de plantas nativas, evitar la introducción de especies invasoras y recuperar el patrimonio biocultural del estado.
Muchas de estas plantas, explica, tienen usos en tintes textiles y en la medicina tradicional, saberes que durante años han sido subestimados. “Es algo que debemos recuperar dentro de nuestra cultura”, sostiene.
En cada clase que imparte y en cada proyecto que impulsa, Jennifer López Chacón demuestra que la ciencia no es un lujo distante, sino una herramienta viva que puede transformar realidades. En Apatzingán, donde a veces parece que las sombras pesan más, su historia recuerda que también hay caminos de luz, conocimiento y esperanza.