El rescate de los manantiales de Urandén, en el Lago de Pátzcuaro, no solo ha devuelto el agua a una zona severamente afectada por la sequía, sino que ha transformado de fondo la vida de sus habitantes, quienes pasaron de ver desaparecer su condición de isla a consolidarse como un ejemplo de organización comunitaria, recuperación ambiental y desarrollo turístico.
En entrevista, José Luis Camilo Gabriel, habitante de la zona, relató que este proyecto nació de una idea compartida entre pobladores durante una reunión informal, misma que posteriormente fue planteada al presidente municipal de Pátzcuaro, quien a su vez la sugirió al gobernador del estado, para que así, fuera una realidad.
“Decían nuestros abuelos que había manantiales y cuándo llegó la sequía, la idea de destaparlos empezó en una fiesta, y pues hasta donde vamos, ya ahorita somos un atractivo turístico importante.
El proceso, explicó, implicó un amplio esfuerzo colectivo. Habitantes participaron en la remoción de piedras, aportaron alimentos y colaboraron de distintas maneras para hacer posible el regreso del agua a través del destapamiento de 11 manantiales.

Con el apoyo de un operador identificado como “don Samuel”, se diseñaron las acciones necesarias para intervenir la zona, en coordinación con un comité comunitario integrado por Emilio León Quirino, Edgar Camilo Ángel y Alfredo Ricardo Cristóbal.
El esfuerzo colectivo no solo permitió recuperar los cuerpos de agua, sino también reactivar actividades económicas tradicionales como la pesca, además de abrir la puerta al turismo sustentable. Sin embargo, los habitantes no consideran concluido el proyecto, pues buscan continuar con la exploración y apertura de nuevos manantiales.
En ese sentido, Víctor Camilo, también habitante de la comunidad, explicó que aún existen más puntos de agua por rescatar, pero enfrentan limitaciones económicas, principalmente para acceder a maquinaria: “Nosotros podríamos destapar dos, tres más, pero nos cuesta la maquinaria”.
Y es que, la recuperación del agua también ha tenido un impacto positivo en las nuevas generaciones, particularmente en el ámbito deportivo, pues esta zona de la ribera del Lago de Pátzcuaro es reconocida por formar atletas en la disciplina de canotaje, quienes ahora cuentan nuevamente con condiciones óptimas para entrenar.
Tal es el caso de José Víctor Camilo, de 19 años, quien practica canotaje desde los 10 y que en 2025 obtuvo la medalla de oro en la Olimpiada Nacional celebrada en Yucatán. El joven se prepara para competir nuevamente en mayo en la Olimpiada Nacional y en los Nacionales CONADE, en la categoría senior, donde participará en pruebas de 500 y 1000 metros, con la meta de repetir el triunfo.
“Hemos visto que gracias a los manantiales ya podemos estar remando otra vez de nuevo aquí, digamos a la isla, le damos vuelta y son dos kilómetros. Entonces sí, nos han ayudado mucho porque antes ya estaba casi completamente seco toda esta parte y también parte de la isla, entonces ya ahorita ya se puede remar”.
Asimismo, expuso que busca incursionar en competencias internacionales y aunque ya recibió una invitación para participar en Canadá, actualmente se encuentra reuniendo recursos para poder asistir. Entre sus metas también está competir en unos Juegos Olímpicos.
Por otro lado, en el ámbito turístico, Urandén ha ganado relevancia a nivel nacional. La comunidad fue reconocida en el certamen “Lo Mejor de Michoacán 2025” con el Premio a la Sustentabilidad, otorgado por México Desconocido, por sus trabajos de preservación y recuperación de los ojos de agua.
Asimismo, fue nombrada como Destino de Turismo Sustentable, consolidándose como un modelo de conservación ambiental y desarrollo comunitario.
Para fortalecer la actividad turística, los habitantes ofrecen recorridos en canoa, aunque actualmente estos se concentran principalmente los fines de semana debido a la variabilidad en la afluencia de visitantes.

“Siempre caminamos, pero la sensación de subirse a una canoa es una experiencia más para la gente que viene, y pues tenemos recorridos de 35 minutos, que les cuesta 50 pesos, es un recorrido, pues llegamos al Manantial Los Sauces, Manantial de Pasiones, Manantial del Diablo, Manantial del Cielo y el Renacer”, comparte Victor Camilo.
Es así que, de cara al futuro, la comunidad ya proyecta nuevas mejoras. Los entrevistados indicaron que César Ornelas, migrante radicado en Estados Unidos, donadrá recurso para la cosntrucción de un puente que esté listo antes de la celebración de Noche de Muertos, mismo que conectará tierra firme con una pequeña isla donde se ubican dos de los manantiales.
Además, se contempla la rehabilitación de las gradas, que serán reforzadas con cemento y piedra para crear escalones más seguros, especialmente para quienes asisten a los concursos de canoa que se realizan en la zona.
Así, lo que comenzó como una idea impulsada por la memoria de los abuelos y la necesidad urgente de recuperar el agua, hoy se ha convertido en un proyecto integral que combina identidad, trabajo comunitario, deporte y turismo, devolviendo vida al Lago de Pátzcuaro.