Especialista de El Colef advierte que los pagos directos por atención médica pueden convertirse en gastos catastróficos o empobrecedores, con mayor vulnerabilidad en zonas rurales.
El gasto que las familias realizan directamente para cubrir servicios y productos de salud puede llegar a comprometer otras necesidades básicas, como alimentación, vivienda o vestido, cuando se convierte en un gasto catastrófico o empobrecedor.
Durante una conferencia organizada por el Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad de la UNAM, la investigadora de El Colegio de la Frontera Norte, Roxana Rodríguez Franco, explicó que este fenómeno también presenta diferencias entre las zonas urbanas y rurales.
De acuerdo con la especialista, quienes viven en zonas urbanas tienen menores probabilidades de enfrentar gastos de bolsillo frecuentes o no frecuentes, en parte porque 75.1 por ciento de la población urbana reporta acceso a seguridad social, frente al 42 por ciento en las zonas rurales.
La investigadora señaló que el envejecimiento de la población y el aumento de enfermedades crónico-degenerativas también están elevando la demanda de servicios médicos, medicamentos y cuidados de largo plazo, lo que genera mayor presión sobre los sistemas de salud y las familias.
En las personas de 60 años y más, enfermedades como diabetes, padecimientos cardiovasculares, cáncer y enfermedades renales se encuentran entre las principales causas de fallecimiento, de acuerdo con lo expuesto durante el encuentro académico.
Rodríguez Franco destacó que este escenario hace necesario considerar no solo el acceso a los servicios de salud, sino también la capacidad de las familias para cubrir sus costos sin poner en riesgo otros gastos esenciales.