Sin depender de campañas ni reflectores, ejidatarios obtienen el Certificado de Manejo Forestal Sustentable, avalado por autoridades ambientales, como resultado de años de trabajo comunitario en favor del bosque.
Por: Berenice León
En un hecho que marca un precedente en la región norte del Estado de México, el Ejido de San Miguel en el muncipio de Acambay recibió el Certificado del Programa de Manejo Forestal, una validación ambiental que reconoce la implementación de prácticas responsables, sostenibles y técnicas para el aprovechamiento de sus recursos forestales.
Este certificado, expedido por la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR) y supervisado por instancias como la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), tiene como objetivo garantizar que los bosques bajo manejo ejidal cumplan con criterios de conservación, regeneración y aprovechamiento racional de los recursos maderables y no maderables.
A diferencia de otros modelos extractivos o improvisados, el Programa de Manejo Forestal exige a las comunidades contar con un plan técnico autorizado por especialistas, que incluya estudios de impacto ambiental, inventario forestal, cronograma de cortas, áreas de conservación permanente y acciones de reforestación y monitoreo.
Pero más allá del documento, lo que hay detrás es una historia de organización, visión colectiva y profundo respeto por la tierra. La iniciativa no surgió de un programa gubernamental ni de una presión externa: fue decisión del propio núcleo ejidal asumir la gestión del bosque como una tarea generacional. Frente a amenazas como la tala ilegal, el abandono del campo o la presión de proyectos extractivos, eligieron el camino más difícil y menos rentable a corto plazo: conservar.
El proceso ha implicado años de trabajo continuo, capacitación técnica, asambleas comunitarias, vigilancia forestal y reforestación activa.
“Este certificado no es una meta, es una herramienta que valida lo que ya venimos haciendo: cuidar el bosque para nosotros y para los que vienen después. Es un logro de todos los ejidatarios”, señaló un integrante del comité de vigilancia ejidal durante la entrega oficial del reconocimiento.
El ejido cuenta con una superficie forestal significativa, integrada por especies como oyamel, pino y encino, además de fauna silvestre que se ha mantenido gracias a la conservación del hábitat. El aprovechamiento se realiza bajo criterios técnicos, que limitan el volumen de corte por hectárea y obligan a reforestar, permitiendo un uso racional de los recursos sin poner en riesgo la regeneración del ecosistema.
Este logro cobra relevancia en un contexto donde muchos ejidos enfrentan presiones por la urbanización, la sobreexplotación o el abandono. La experiencia de San Miguel Acambay demuestra que cuando hay organización y voluntad comunitaria, es posible conservar el bosque sin renunciar al aprovechamiento productivo, generando beneficios ambientales y también económicos a largo plazo.
El reconocimiento nacional también ofrece al ejido mayores oportunidades de acceder a incentivos federales, esquemas de pago por servicios ambientales y apoyo técnico para fortalecer su capacidad de manejo, sin depender de intermediarios ni empresas externas.
Ejidatarios de esta localidad boscosa acotaron que su caso puede servir como modelo para otros núcleos agrarios en la región, al evidenciar que la sostenibilidad no es exclusiva de grandes proyectos o reservas naturales: también puede ser construida desde lo local, con conocimientos compartidos, responsabilidad colectiva y una relación profunda con la tierra.