Bere León
La cascada de El Salto de San Pablo Atotonilco vuelve a correr y será punto de reunión en Semana Santa; habitantes advierten vigilancia para frenar contaminación
Tras semanas de bajo flujo, la cascada El Salto de San Pablo Atotonilco vuelve a cobrar vida con el descenso constante de agua, reactivando no solo uno de los paisajes naturales más emblemáticos de la zona, sino también una fuente vital para las actividades agrícolas de la comunidad.
Enclavada en San Pablo Atotonilco, dentro del municipio de Atlacomulco, esta caída de agua cumple una doble función: por un lado, se convierte en un punto de atracción para visitantes; por otro, alimenta canales de riego que permiten sostener cultivos locales, lo que la posiciona como un elemento clave para la economía y el equilibrio ambiental de la región.
Con la cercanía del periodo vacacional de Semana Santa, se prevé un incremento en la afluencia de visitantes, tanto turistas como habitantes de la región, que acuden al sitio para disfrutar del paisaje natural, realizar caminatas o convivir en familia.
“Ya empezó a bajar el agua y eso nos ayuda mucho, porque de aquí también se riegan las parcelas; no es solo un lugar bonito, es necesario para el campo”, señaló un productor de la zona.
Ante este escenario, pobladores han comenzado a organizarse para resguardar el área. Entre las acciones previstas se encuentra la vigilancia comunitaria y el llamado directo a los visitantes para evitar tirar basura o contaminar el entorno, una problemática que en años recientes ha afectado la imagen del lugar.
“En estas fechas viene mucha gente, pero también dejan basura; ahora sí vamos a estar más pendientes para cuidar el lugar”, comentó un habitante de la comunidad.
Habitantes destacan que el cuidado de la cascada es fundamental no solo por su valor turístico, sino por su función dentro del equilibrio ambiental y productivo de la zona.
“No se trata de cerrar el paso, sino de que la gente venga y respete, porque este espacio es de todos y depende de nosotros conservarlo”, añadieron pobladores.
En este contexto, la comunidad busca que la temporada alta no solo represente derrama económica y recreación, sino también una oportunidad para fomentar la conciencia ambiental y preservar uno de los espacios naturales más representativos del norte del Estado de México.