A través de una carta dirigida a la titular de la Semarnat, Alicia Bárcena, Borrego Llorente presentó su renuncia “de manera voluntaria.
Ian Arriaga
Martín Borrego Llorente, quien se desempeñó como jefe de oficina en la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), presentó su renuncia a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) tras la revelación de un acto diplomático que resultó ser una fachada para celebrar su boda. La información fue dada a conocer en la columna de Claudio Ochoa Huerta.
A través de una carta dirigida a la titular de la Semarnat, Alicia Bárcena, Borrego Llorente presentó su renuncia “de manera voluntaria, con carácter de irrevocable y efectos inmediatos” al puesto de Coordinador de Contacto con la Ciudadanía, tras las versiones periodísticas sobre el evento realizado el 4 de octubre de 2024 en el Museo Nacional de Arte (MUNAL), en el que se involucró su nombre.
En su mensaje, Borrego Llorente aclaró que, aunque el evento fue de carácter privado y cumplió con el protocolo del Museo, reconoció que fue inapropiado solicitar el uso del espacio a través de un correo institucional mientras desempeñaba su función en la SRE. “Este actuar no fue correcto para un funcionario público ni digno de la confianza que depositó en mí”, expresó.
La polémica surgió el pasado 8 de diciembre, cuando el periodista Claudio Ochoa Huerta publicó en su columna el artículo titulado “La (no) boda fifí en el MUNAL”, donde reveló que el evento, originalmente anunciado como un acto diplomático para conmemorar el 89 aniversario de las relaciones diplomáticas entre México y Rumania, fue en realidad la boda de Borrego Llorente. Según la publicación, la ceremonia contó con la asistencia de 70 invitados, entre los que se encontraban diplomáticos y personas cercanas a los organizadores, incluidos altos funcionarios como la excanciller Alicia Bárcena.
La SRE, por su parte, anunció que el Órgano Interno de Control ha abierto una investigación para aclarar las circunstancias del uso del MUNAL para un evento que, según la versión oficial, debía haber sido de carácter diplomático.
Este escándalo ha puesto en el centro del debate público el uso de espacios públicos y las implicaciones éticas de los funcionarios en el ejercicio de sus cargos, especialmente en eventos de carácter privado.