#OpiniónYAnálisis por #RamónCuevas
Ramón Cuevas Martínez
Itzel Jeareny Leoneardo de Jesús
En México, alrededor del 60% de las incapacidades laborales están relacionadas con estrés, ansiedad o depresión derivados de factores de riesgo psicosocial. Eso es relevante, porque implica que más de la mitad de las afectaciones laborales ya no son físicas, sino mentales/emocionales.
En el marco del Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo, que se conmemora cada 28 de abril, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) destaca la relevancia de los riesgos psicosociales y su impacto directo en la salud y productividad.
Factores como el estrés laboral, la sobrecarga de trabajo y la falta de equilibrio vida-trabajo están relacionados con enfermedades cardiovasculares y trastornos mentales, generando cientos de miles de muertes y pérdidas significativas en la economía global.
De acuerdo con nuevas estimaciones, existen cinco factores principales de riesgo: la tensión laboral (altas exigencias con bajo control), el desequilibrio entre esfuerzo y recompensa, la inseguridad laboral, las jornadas de trabajo largas (más de 48 horas semanales) y la intimidación o acoso en el trabajo.
En conjunto, estos factores provocan cada año alrededor de 840,000 muertes, asociadas principalmente a enfermedades cardiovasculares y trastornos mentales, incluidos los suicidios; generan la pérdida de 45 millones de años de vida ajustados por discapacidad (AVADs) y representan una disminución del 1.37% del PIB mundial, derivada de la pérdida de productividad, los costos en salud y la mortalidad prematura.
Algunos de los efectos de los riesgos psicosociales en los trabajadores y las empresas son:

En México, este panorama cobra especial importancia a través de la NOM-035-STPS-2018, la cual establece la obligación de identificar, analizar y prevenir estos riesgos en los centros de trabajo.
En este contexto, organismos como Maxan Certificación juegan un papel clave al apoyar a las organizaciones en la evaluación, cumplimiento y certificación de buenas prácticas laborales, alineadas también con estándares como la NMX-R-025-SCFI-2015 en Igualdad Laboral y No Discriminación.
La cual incluye medidas para prevenir, atender y sancionar la violencia laboral. Esto cobra especial relevancia si consideramos que la discriminación y el trato desigual generan estrés y ansiedad; la falta de inclusión provoca aislamiento y bajo bienestar; el acoso y la violencia laboral constituyen riesgos psicosociales directos; y la inequidad en oportunidades o reconocimiento alimenta el desequilibrio entre esfuerzo y recompensa.
Atender los riesgos psicosociales representa una inversión estratégica: mejora el clima organizacional, incrementa la productividad y fortalece la sostenibilidad de las empresas.
Se trata de construir entornos laborales más saludables, equitativos y resilientes.