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#Opinión | La Mayoría Silenciosa. Disputa en Morena EdoMéx deja en medio a Delfina Gómez

#OpiniónYAnálisis por #JavierMartínez

Javier Martínez

El Estado de México, históricamente el laboratorio político más complejo del país, vive hoy una paradoja de manual: el partido que prometió desterrar las viejas prácticas del régimen jurásico parece estar calcando sus peores vicios, pero con diferentes siglas. La cruenta batalla soterrada —y ya no tan soterrada— entre el secretario general de Gobierno, Horacio Duarte Olivares, y el senador Higinio Martínez Miranda, ha colocado a la gobernadora Delfina Gómez Álvarez en una posición incómoda, casi de rehén de su propio origen político.

El Grupo Texcoco, aquella maquinaría que junto a Andrés Manuel López Obrador pacientemente labró el camino para arrebatarle el bastión del Estado de México al PRI, hoy se resquebraja desde dentro. La lucha ya no es por el ideal: es por el control del aparato estatal rumbo a las sucesiones venideras.

Lo verdaderamente alarmante de las últimas semanas no es el disenso —saludable en cualquier democracia—, sino el presunto uso de las instituciones del Estado como armas de persecución política facciosa. Cuando la Fiscalía local o las secretarías se convierten en herramientas de presión interna, la frontera entre la “Cuarta Transformación” y el viejo régimen se diluye por completo.

Las acusaciones no son menores: El caso de Nancy Nápoles: La presidenta del Consejo Político de Morena en la entidad y alcaldesa de Tenancingo, envuelta en un turbio escándalo de supuesto autosecuestro. ¿Justicia o tiro de precisión para decapitar una posición clave de los Mexiquenses de Corazón?

La Secti y el factor Tejupilco: Las sospechas sobre la venta de plazas que salpican a Anthony Domínguez, expresidente municipal de Tejupilco, es otro golpe al grupo Mexiquenses de Corazón. Si bien la corrupción y los delitos deben castigarse sin importar el color del chaleco, el timing político y la selectividad de los golpes de timón deja un tufo inconfundible a vendetta de palacio.

En medio de este fuego cruzado se encuentra la gobernadora Delfina Gómez. Fuentes cercanas al Palacio de Gobierno sugieren que “La Maestra” sufre por el cariño que les profesa a ambos contendientes. Sin embargo, en la realpolitik, el afecto es una moneda sin valor de cambio. La gobernadora está obligada a ejercer su liderazgo político que las urnas le otorgaron. El liderazgo no se comparte por nostalgia: se ejerce por mandato.

La reciente reunión en Texcoco entre la mandataria e Higinio Martínez fue leída en la clase política como un intento de tregua, un respiro que la propia gobernadora buscaba para frenar la hemorragia interna. Pero las treguas en política son de saliva si no van acompañadas de manotazos en la mesa. Al no poner orden y permitir que su secretario de Gobierno y su mentor senatorial se despedacen utilizando las estructuras públicas, la gobernadora arriesga la gobernabilidad de un estado de por sí propenso a las crisis.

La inacción de la líder natural de Morena en el EdoMéx abre la puerta a un escenario peligroso: que el poder real se mueva a las sombras mientras la figura institucional se desgasta en el centro del huracán. Horacio Duarte parece operar con la mira puesta en el futuro, utilizando el peso del gabinete; Higinio Martínez resiste con el colmillo retorcido de quien fundó las bases del movimiento en el estado y no se dejará desplazar fácilmente, muchos aseguran que espera el momento adecuado para sentenciar a su compañero de partido por los señalamientos de haber participado en el huachicol fiscal.

Si Delfina Gómez no asume con firmeza el control del timón y demuestra que en su gobierno no se usan las fiscalías para dirimir pleitos de partido, la transformación mexiquense terminará siendo sólo un cambio de nombres en el organigrama, dejando intacto el ADN del autoritarismo que prometieron destruir. La Maestra debe decidir si quiere gobernar el Estado de México o seguir mediando en una cena familiar que ya se salió de control.

Alianzas entre el PRI, PAN y MC cada vez más lejos

Si bien las pláticas de Acción Nacional con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y Movimiento Ciudadano (MC) siguen, lo cual hace pensar a muchos que hay esperanza de ir juntos, nada es más falso; la alianza está viva, pero cada vez más lejos. La orden vino directamente de Jorge Romero, líder nacional del PAN, quien ha dicho que no irán en coalición con nadie, a pesar de los esfuerzos de muchos panistas que han realizado trabajo de proyección para convencerlo.

Incluso, muchos líderes, aspirantes y gobernantes han avisado a sus aliados en otros partidos que no irán juntos y que se olviden de hacer trabajo conjunto. Lo que empezó como un aviso abajo ha escalado a las altas esferas del PRI y están buscando la manera de convencer al PAN, lo cual parece algo casi imposible, sobre todo porque el PRI no ha entendido su baja aceptación popular.

Sin alianzas, La Mayoría Silenciosa será la más afectada por la carencia de los contrapesos en el país, con Morena actuando de manera improvisada, sin resultados verificables y afectando varios sectores de la sociedad, en cuanto a legalidad, seguridad y economía.

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