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#Opinión | La pipa de la muerte

#OpiniónYAnálisis por #VanessaValles

Vanessa Valles

Los accidentes suceden, es cierto. Hay situaciones que no se pueden controlar, pero hay otras que definitivamente sí pueden evitarse. Esta semana fuimos testigos de dos tragedias que marcaron la vida de muchas familias y las dejaron rotas.

El lunes, en Atlacomulco, un autobús fue arrollado por un tren tras el intento imprudente de ganarle el paso. El resultado fue desolador: 10 muertos y 55 heridos.

  

Apenas dos días después, el miércoles, el país entero volvió a vestirse de luto. Una pipa en Iztapalapa explotó en plena avenida y a plena luz del día, cuando miles de personas transitaban hacia sus trabajos, sus escuelas o de regreso a casa.

Estos hechos nos obligan a mirar de frente una verdad incómoda: no fue solo “mala suerte”. La corrupción también cobra vidas. Porque alguien, en algún escritorio, permitió que estas pipas circularan sin restricciones, a cualquier hora y por donde quisieran, a cambio de dinero. Y esa cadena de negligencias abrió la puerta al horror.

El Reglamento de Tránsito de la Ciudad de México es claro: los vehículos que transportan sustancias peligrosas deben circular por rutas y horarios específicos, estar señalizados y cumplir con estrictos lineamientos de seguridad. Las sanciones existen, pero ¿de qué sirven si no se aplican? En la práctica, el reglamento termina siendo letra muerta mientras las pipas se mueven entre colonias, escuelas y avenidas congestionadas, convertidas en bombas rodantes. En pipas de la muerte.

El 10 de septiembre lo comprobamos: las normas no se cumplieron, y el costo se midió en vidas humanas.

  

Tras la tragedia, la presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que las pipas no están obligadas a circular solo de noche, aunque anunció que se revisarán medidas para garantizar traslados más seguros. Pero si existe un reglamento …

Las acciones y consecuencias que se tendrán llegarán tarde para quienes ya perdieron a un hijo, a un padre, a una madre o a un hermano en medio del fuego.

Lo cierto es que mientras las autoridades discuten protocolos, la realidad sigue siendo brutal: estas unidades viajan entre nosotros todos los días, y basta un descuido para que una calle se convierta en infierno. Recordemos que hace un par de meses un domingo 13 de julio sobre la autopista México-Pachuca una pipa volcó con debido a exceso de velocidad, esa  pipa transportaba 177,000 litros de gas LP, tuvo una pequeña fuga pero se controló y afortunadamente no se reportaron personas lesionadas.

La otra cara de la tragedia fue la solidaridad. Bomberos, policías, médicos, enfermeras, vecinos y automovilistas pusieron en riesgo sus vidas para rescatar a otros de las llamas. Ellos nos recuerdan que la humanidad siempre florece en medio del desastre.

  

Y quizá esa sea la reflexión más amarga: en México, las tragedias siguen encontrando culpables invisibles, pero nunca responsables claros. Y mientras tanto, lo único certero es el dolor de quienes ya no tienen a sus seres queridos…

  

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