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#Opinión | Lumbreras: ¿A dónde irán los muertos?

#OpiniónYAnálisis por #PeríclesDeBuenHierro

Perícles De Buen Hierro

Una de las celebraciones más representativas de México es, sin duda, el Día de Muertos. Esta festividad conlleva una profunda trascendencia popular y cultural, que abarca significados filosóficos, espirituales y materiales. En reconocimiento a su importancia, en 2008 fue declarada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

La tradición implica el retorno simbólico de las ánimas de los difuntos, quienes buscan reencontrarse con su hogar terrenal, convivir con sus seres queridos y nutrirse de la esencia de los alimentos que en vida disfrutaban. Su origen se remonta a la época prehispánica, cuando los familiares del fallecido realizaban rituales para guiar su alma en el recorrido hacia el Mictlán. Al morir, el cuerpo era envuelto en un petate y acompañado de comida, con la creencia de que podría necesitarla durante su tránsito al más allá.

En la actualidad, año con año, en muchos hogares se montan altares decorados con flores de cempasúchil, papel picado, calaveras, pan de muerto, y diversos platillos que eran del agrado de los difuntos. También es común adornar las tumbas con flores y altares sobre las lápidas, y acompañar durante toda la noche a las almas de los seres queridos. La tradición indica que, para facilitar el retorno de las almas, se deben esparcir pétalos de cempasúchil y colocar velas que tracen el camino, evitando que se pierdan en su regreso.

Sin duda, el Día de Muertos es una celebración a la memoria y un ritual que privilegia el recuerdo sobre el olvido. Pero también puede ser una oportunidad para reflexionar sobre el legado digital y la protección de los datos personales de quienes han fallecido, especialmente en trámites legales, financieros y familiares.

En este sentido, conviene preguntarnos: ¿Quién puede decidir sobre el uso de los datos personales de una persona fallecida? ¿Existe alguna ley que regule su tratamiento?
Los datos personales forman parte de la identidad de una persona, incluso después de su muerte. Información como la Clave Única de Registro de Población (CURP), el expediente clínico o los registros financieros siguen siendo relevantes para trámites relacionados con pensiones, herencias o cancelación de servicios.

La legislación mexicana en materia de protección de datos personales establece que quien acredite tener un interés jurídico respecto de la persona fallecida podrá ejercer los derechos de Acceso, Rectificación, Cancelación y Oposición (Derechos ARCO), siempre que el titular haya manifestado su voluntad en vida o exista un mandato judicial. Si no se expresó dicha voluntad, bastará con acreditar el interés jurídico, entendido como el que tiene una persona física que, a raíz del fallecimiento, busca el reconocimiento de derechos sucesorios, en función del parentesco por consanguinidad o afinidad. Entre quienes pueden alegar este interés están el albacea, herederos, legatarios y familiares en línea recta sin limitación de grado, o en línea colateral hasta el cuarto grado. Este vínculo se acredita con copia simple del documento delegatorio, ya sea ante notario público o suscrito ante dos testigos.

Aunque las leyes mexicanas no contemplan expresamente derechos post mortem en materia de protección de datos personales, las autoridades garantes han emitido criterios para proteger la información de personas fallecidas, especialmente cuando su uso indebido pudiera afectar su reputación o la de sus familiares. Esto incluye evitar el mal uso de datos personales en redes sociales o con fines publicitarios.

Algunas personas optan por dejar instrucciones sobre qué hacer con sus perfiles digitales, correos o archivos personales, aunque aún es una práctica poco común. Por ello, incluir la protección de datos personales como parte del testamento podría ser una alternativa viable.

En conclusión, si bien es cierto que la celebración del Día de Muertos, nos hace preguntarnos ¿A dónde van los muertos?, como lo hace la canción del grupo Kinky, también lo es que además de honrar la memoria en altares, nos invita a dialogar sobre el legado digital, el destino de nuestras cuentas, archivos y datos en línea tras fallecer, y comenzar a gestionar el uso responsable de nuestra identidad digital.

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