Menos tecnología, más diálogo.
Paso 1: Escuchar
Con frecuencia escuchamos en familia, con amigos o en medios de comunicación, referir que las nuevas generaciones están “raras” o “son indiferentes”, “no son como antes”.
Nuestras hijas y nuestros hijos pueden acceder a información (imágenes, videos, audios) y mucho material que en nuestra época -me refiero a quienes ya somos un clásico de los 70’s- era muy difícil obtener. Ahora tienen todo eso –literalmente- en la palma de su mano. Conocen, en muchas ocasiones, más de lo que nosotros mismos podríamos imaginar.
Ante ese escenario, las preocupaciones de quienes somos madres y padres, se acrecientan. ¿No hay pistas para guiar a nuestros hijos y lograr que estén preparados para recorrer su propio camino? (Enfatizo: su propio camino, no el nuestro, ni el que deseamos para ellos).
Este entorno, tan cambiante y con demasiada información, nos obliga a recuperar al mejor modo de comunicar: frente a frente. Está demostrado que el contacto “cara a cara” es el más eficaz para establecer una comunicación confiable con “los otros”. La paradoja es que la tecnología nos permite acercarnos a quienes están lejos, pero nos aleja de quienes tenemos cerca.
¿Ha observado en qué tono le habla a sus hijos (si hablan)? ¿Se ha mirado cuando les llama la atención? ¿Saluda de la misma forma a sus hijos que a sus vecinos o a un extraño? ¿Cuántas veces al día abraza a sus hijos, a su pareja, a quienes viven en su hogar? Esa forma como tratamos a “nuestros seres queridos”, no necesariamente es congruente entre el decir, el sentir y el hacer.
En esta época, todos estamos obligados a mejorar nuestra forma de comunicar, porque es condición fundamental para generar un entorno en el que sea más sencillo inculcar valores, construir, parejas, familia y comunidad.
Tenemos la oportunidad para -observarnos primero- y aprender el Paso #1 de la Comunicación Efectiva: Escuchar. Escuchemos -con todos nuestros sentidos- lo que nos dice nuestra familia. Mire a los ojos, atienda todas las palabras y procure comprender, antes de responder o confrontar. Analice y avance al diálogo. Insista y no se rinda, es un proceso largo, pero hay que empezar. Dejemos la tecnología y regresemos a tocar, a sentir, a nuestros “seres queridos” y logremos eso: que se sientan queridos.