La comunidad de Pie del Cerro, en el municipio de San Bartolo Tutotepec, celebró su tradicional Lunes de Carnaval con actividades que comenzaron desde el amanecer y que reunieron a danzantes, comparsas y visitantes de distintas regiones de Hidalgo y de otros estados del país.

Desde las primeras horas del día, participantes provenientes de comunidades cercanas se concentraron frente al altar dedicado al Señor de Chalma, donde la música de banda dio inicio a los rituales previos a la salida del sol.
Como parte de la celebración, se colocaron altares con elementos simbólicos que representan fuerzas opuestas, reflejo de la cosmovisión ancestral que da sentido a esta festividad.
A la celebración asistió la secretaria de Cultura del estado, Neyda Naranjo, quien realizó un recorrido por diversas localidades del municipio junto con el presidente municipal, Ubaldo González Vargas, con el objetivo de conocer y respaldar las expresiones culturales que se mantienen vivas en la región.

El carnaval se celebra cada año antes del inicio de la Cuaresma cristiana, la cual comienza con el Miércoles de Ceniza.
Se trata de una festividad de fecha variable, entre los meses de febrero y marzo, con una antigüedad superior a los 200 años en esta zona del estado.Uno de los elementos más representativos fue el Palo Volador, donde participaron como invitados los Voladores de Papantla, quienes realizaron tres vuelos ceremoniales: antes del amanecer, durante la salida del sol y previo a la conclusión de las actividades.
Este ritual simboliza la conexión entre el mundo terrenal y el espiritual.Durante el carnaval también estuvo presente la figura del Hombre Pájaro, personaje que antiguamente formaba parte de diversas celebraciones en comunidades de la región otomí-tepehua.
Asimismo, el compadre del carnaval representa no solo una figura negativa, sino el equilibrio y la dualidad que rigen el universo, de acuerdo con la tradición local.A lo largo de las décadas, la festividad ha experimentado cambios derivados de las condiciones económicas de la población.
Entre los años cincuenta y ochenta, los trajes se elaboraban con costales de café, actividad relacionada con la producción cafetalera del municipio.
Posteriormente, en la década de los noventa, estos fueron sustituidos por costales de harina, por ser más accesibles y prácticos.