Rocio Aguirre
Típico de Santa Ana Maya, este pan con piloncillo ha sobrevivido al paso del tiempo, aunque su nombre siga generando debate entre tradición y costumbre.
Originarias de Santa Ana Maya, Michoacán, las casadillas, también conocidas localmente como quesadillas, son un pan tradicional que combina masa de trigo tipo hojaldre con una cubierta de piloncillo rallado, a veces con anís o canela. Aunque su forma recuerda a una galleta gruesa, su textura suave y su sabor dulce las han convertido en una delicia típica, sobre todo durante ferias, bodas o festividades religiosas. Su preparación es artesanal, y muchas familias aún preservan recetas que han pasado de generación en generación.
El debate en torno a su nombre ha despertado curiosidad: ¿por qué se les dice quesadillas si no llevan queso? En realidad, el término correcto en muchos contextos tradicionales es casadillas, palabra que, según algunos cronistas locales, proviene de “casar”, es decir, unir la masa con el relleno o cubierta. Sin embargo, debido al parecido fonético y al uso cotidiano, el nombre quesadilla también se ha extendido, especialmente entre quienes crecieron llamándolas así. Ambas formas, aunque distintas en origen, son válidas en el lenguaje popular.
Más allá del término, el trasfondo cultural refuerza su importancia: se cree que las casadillas se ofrecían antiguamente en bodas como símbolo de unión entre los esposos, de ahí su nombre. Este detalle resalta su carácter ceremonial y comunitario. Su permanencia como pan típico de Santa Ana Maya y alrededores habla del valor que tiene esta receta dentro de la identidad local, incluso si el nombre ha cambiado o se ha mezclado con otros significados a lo largo del tiempo.
En el fondo, ya sea que las llames casadillas o quesadillas, lo que importa es lo que representan: una tradición viva, sencilla y deliciosa, con raíces profundas en la historia popular. Su nombre podrá dividir opiniones, pero su sabor siempre une.