Plantada una vez al año y recolectada cuatro meses después, la flor de cempasúchil, de un brillante naranja, es un modo de vida para miles de pobladores y corona las ofrendas del Día de Muertos en México.
Por su color y por su olor peculiar, el cempasúchil es un símbolo de las ofrendas para los muertos y ayudan a guiar las almas rumbo a estos festejos que llegan a su máxima expresión el 1 y 2 de noviembre.
En el municipio de Atlixco, Puebla, de unos 100 mil habitantes, el cultivo de esta flor se convierte en una prioridad durante la temporada, y dicha planta se distribuye luego a buena parte de México.
Su nombre es de origen prehispánico se compone de los vocablos en náhuatl ‘cempohualli’, que quiere decir “veinte”, y Xóchitl, que significa “flor”.
Del cempasúchil existen más de 30 variedades y colores. Sin embargo, para el uso que se le da en el mes de noviembre se utiliza la color naranja.
Esta plantación solo se da una vez al año y tiene un periodo de cosecha y corta de cuatro meses, es decir, desde el mes de mayo inicia el preparado de la tierra y sección de la semilla, posteriormente se siembra, se fertiliza, fumiga y se riega, con la finalidad de tener la mejor cosecha.
Según marca la tradición el día 28 octubre llegan las almas de las personas que perdieron la vida en accidente o muerte repentina, los días 30 y 31 de octubre llegan las almas de las niñas y niños, así como el día 1 de noviembre llegan las almas adultas y el 2 de noviembre se realizan las bendiciones y entrega de ofrendas en el panteón.