Mientras continúa la polémica por el operativo de la Policía de Morelia en el que una adolescente de 15 años fue localizada atendiendo un puesto en el Centro Histórico, el comercio establecido salió en defensa de los agentes y pidió no perder de vista el problema de fondo: la expansión de los vendedores informales en las calles.
Alfonso Guerrero Guadarrama, presidente de la Asociación de Comerciantes y Vecinos del Centro Histórico de Morelia (Covechi), respaldó a la corporación municipal y aseguró que sus elementos están haciendo el trabajo que les corresponde al retirar o intervenir ante actividades que se realizan fuera de la normativa.
“Yo respeto mucho la labor de la Policía de Morelia, son gente muy preparada, muy consciente de dar un servicio social, y están cumpliendo con lo que la ley les manda”, sostuvo.
Para el dirigente empresarial, el conflicto va más allá de un operativo. Señaló que quienes tienen un negocio establecido deben pagar impuestos, servicios y prestaciones, además de adquirir mercancía cuya procedencia puedan acreditar, mientras que los vendedores de la vía pública no enfrentan las mismas obligaciones.
Guerrero incluso cuestionó la diferencia de precios entre ambos sectores y lanzó una acusación que, dijo, debería ser revisada por las autoridades: que algunos productos vendidos en las calles podrían tener una procedencia ilícita.
“Si yo vendo un pantalón en 200 pesos, ellos lo venden en 100, en 80 pesos, que ni siquiera es el costo de producción de ese pantalón. ¿Cómo le hacen?, pues al parecer, puede ser mercancía robada”, cuestionó.
A la par de la discusión por el caso de la adolescente, el presidente de Covechi alertó que el comercio informal continúa ganando espacios en el Centro Histórico. Aseguró que recientemente han surgido nuevos grupos de vendedores en zonas como Capuchinas y Lázaro Cárdenas, cada uno con sus propias organizaciones y distintivos.
Desde su perspectiva, permitir que esta actividad siga creciendo terminaría afectando no solamente a los comerciantes establecidos, sino también a quienes visitan el Centro Histórico, debido a la ocupación de banquetas, la instalación de lonas y toldos y los conflictos que pueden generarse en la vía pública.