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¿CUÁNTO NOS CUESTA DE LA ARROGANCIA?

por Rafael Rodríguez

#Opinion Cynthia Valeriano López

La arrogancia es un sentimiento de superioridad, para algunos un defecto del carácter, desarrollado por un individuo que construye la falsa creencia de es superior a los demás y por ende puede atropellar o pasar por encima de otros.

Esta superioridad puede ser en algo autoconstruido y realmente formar parte de una personalidad distorsionada de un individuo con una autoestima debilitada como una herramienta de protección o bien, puede tener como objetivo ser parte de una narrativa particular que contribuya al cumplimiento de otro tipo de fines. El arrogante no escucha, no reflexiona en torno a sus decisiones, exige el cumplimiento de sus deseos por considerar que tiene el derecho a mandar y ser obedecido debido a su estatura moral, económica o social.

Este defecto puede ser mas o menos grave dependiendo de la posición que en un juego de poder ocupe el arrogante, pero cuando este ejerce en efecto dicho poder, los efectos y las consecuencias son desastrosas, generan efectos perversos que son difíciles de erradicar y se acompañan de costos elevados.

Recientemente se ha dado a conocer que las mega obras emblemáticas del actual gobierno no sólo no podrán cumplir en tiempo y forma sus objetivos, tampoco resolverán los problemas públicos planteados y que justifican su existencia, no han sido ese motor que empuje el crecimiento y el desarrollo económico en tiempos de crisis, provocan serios cuestionamientos sobre el adecuado ejercicio de sus presupuestos y además ahora sabemos que costarán más, mucho más de lo comprometido. 

Empecemos por el AIFA, aquel proyecto que prometía resolver el problema de saturación del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y que además ayudaría a seguir expandiendo el comercio y facilitaría el flujo de personas a nivel internacional, bajo la lógica de que el proyecto en Texcoco era un proyecto completamente contaminado por las redes de corrupción del sexenio anterior y que lo mejor era eliminarlo por completo.

Va a salir mas barato y vamos a resolver el problema público que le da origen a la obra… A 5 meses de su inauguración, el AIFA no sólo no ha resuelto el problema de saturación del Aeropuerto Benito Juárez, recién se anuncio con bombo y platillo que pasaría de 12 a 46 vuelos diarios (es decir unas 2,760 operaciones mensuales) cuando el AICM realiza en promedio 32 mil operaciones mensuales, es decir, apenas el 8.6%, pero por otro lado, de los 75 mil millones de pesos que originalmente costaría, la cifra al último corte ya iba en 104,531 millones de pesos, sin considerar lo que se tuvo que desembolsar para liquidar el proyecto del nuevo aeropuerto de Texcoco.

Y que decir de la super refinería, una de las obras emblemáticas que fue inaugurada el pasado 1º de julio sin haber concluido su construcción y sin que comience operaciones hasta 2023 cuyo costo original estaba proyectado en 160 mil millones de pesos (unos 8 mil millones de dólares), costos que todas las empresas con plena experiencia en la construcción de este tipo de infraestructura a nivel internacional daban por insuficiente y por ende fueron descartadas en su participación durante la licitación de la obra, pero el Presidente defendió la cifra y prometió que se cumpliría el monto, que se terminaría a tiempo, que además esta obra resolvería el problema de la producción de derivados del petróleo en México y así evitar las compras y la dependencia energética de Estados Unidos.

Y el tiempo le dio la razón a las empresas, a partir de una planeación deficiente, realizada ciertamente por una institución sin experiencia en este tipo de construcciones (el ejercito) ahora sabemos que la obra finalmente costará entre 3 y 4 mil millones de dólares más (o sea un 50% más de lo planteado originalmente) en una instalación que no refina nada aún y que ciertamente no ha corregido la dependencia energética que México tiene de su vecino.

Finalmente hablar del tren maya y sus enormes dificultades, y con ello también sus enormes sobre costos, una obra que planteaba resolver el problema de falta de desarrollo en el sureste mexicano, con un presupuesto original de 120 mil millones de pesos (casi 6 mil millones de dólares), que no sólo ha devastado sin la menor angustia miles de hectáreas de selva, amenaza con afectar los mantos acuíferos milenarios y el principal abasto de agua potable de la región, sino que a menos del 50% de avance, se han ejercido casi 300 mil millones de pesos (unos 14.7 millones de dólares) es decir, la obra aún no termina y ya tiene un sobre costo del 150%.

El problema desde luego, no tiene que ver con los proyectos en si, en otras circunstancias, el hecho de que el gobierno decida incrementar el gasto público en infraestructura estaría empujando el crecimiento económico del país de forma importante, pero cuando no se escuchan otras voces, principalmente las de la ciudadanía, los expertos en la materia y los propios diagnósticos de actores económicos fundamentales, lo único que se puede concluir es que se gasta sin sentido, sin efectos durable, de forma deficiente y con un gran impacto en las finanzas del país.

Estamos a días del informe de gobierno, de un gobierno arrogante, que cree poseer el monopolio de la verdad, que al menos en la narrativa plantea una aparente superioridad moral, que en la práctica se pulveriza por no saber escuchar.

Cynthia Valeriano López.

Profesora de Economía del Tec de Monterrey, Campus Toluca

cvaleriano@tec.mx

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