Aquellos que comienzan a depender de su trabajo para sentir que no están perdiendo el tiempo son propensos a sufrir depresión y ansiedad crónica.
Si antes era difícil saber qué hacer en los momentos de ocio, con el tema de la pandemia encima, todo es más complicado. Después de hacer el trabajo del día, a veces son las 5 de la tarde y nos encontramos en un momento donde no sabemos qué hacer, porque no hay ningún pendiente. Entonces parece que el tiempo libre es un problema.
Las responsabilidades de la oficina se detienen. Nadie contesta en los grupos de amigos. Entonces, sentarse a leer, a dibujar o hacer cualquier cosa no-redituable parece una buena opción. En el último rincón de la mente, un malestar se hace cada vez más presente: parece que ese tiempo de ocio, que no genera un quinto, es un desperdicio.
Luego llega un momento en el que hay quienes sienten que descansar no es una opción. De acuerdo con un estudio hecho por la Universidad de Ohio en Harvard, las personas que piensan así después tienen problemas psicológicos. Aquellos que comienzan a depender de su trabajo para sentir que no están perdiendo el tiempo son propensos a sufrir depresión y ansiedad crónica.