Los feligreses extrañarán su sonrisa, su forma de dar sermones y sus gestos de cariño, especialmente hacia los niños.

Después de haber sido recibido con los brazos abiertos y acostumbrarse a escuchar su voz en cada celebración eucarística, hoy el párroco Honorio Ramírez informa a la comunidad sobre su cambio.
Fueron 7 largos años en los que el párroco convivió de cerca con los ciudadanos de este lugar, realizando cambios significativos para el bienestar de la iglesia de San Juan Bautista. Ahora, los feligreses extrañarán su sonrisa, los gestos de aprecio hacia los visitantes e incluso su peculiar forma de dar el sermón. Para muchos, será difícil no ver su rostro al entrar por la puerta principal, y muchos niños recordarán cómo, al llegar al sagrario, recorría a paso lento bendiciendo a cada uno de ellos. Sin duda, dejó una gran huella en todos los que lo apreciaron y escucharon sus consejos.
Para los xicotepequenses, más que un párroco, hoy es un amigo. Aún se desconoce a qué parroquia será asignado, ya que deberá recibir una orden de la Arquidiócesis de Tulancingo y del arzobispo Oscar Roberto. Por ello, los feligreses le desean lo mejor en su nuevo destino.