Ojalá
Por @oscarglenn
Por cumplir con el deber, por necesidad, por temor y por protagonismo, hemos visto funcionarios públicos de todos los niveles y rangos, opinar sobre la veracidad de la pandemia, la letalidad del COVID19 y hasta juzgarse mutuamente por las formas de enfrentar el problema en sus diferentes ámbitos de competencia, desafiando incluso a quienes que se supone son autoridades y expertos en un tema que hoy es emergencia sanitaria en Fase 3.
Es difícil que hacer que una persona dedicada a la política deje de intentar calcular el efecto de sus acciones -así sean las más nobles- y preparará las siguientes bajo esta lógica. Fiel a su naturaleza pensará también que sus adversarios tampoco dejarán de actuar en forma idéntica y entonces tomará sus previsiones, con la alta probabilidad que ocurra de la misma manera en los otros frentes a cada paso, en una contienda que nunca acaba.
No sé si me tocará vivir otra emergencia como ésta de la que todos esperamos salir avante, pero una de las lecciones que deberemos aprender en materia de gestión de crisis donde la salud y la vida de las personas esté en juego, es que el manejo de la información y la comunicación deberá controlarse mejor, valorando la pertinencia de alejar a los políticos de ella para no generar confusión, recelo o desconfianza y establecer mecanismos claros de información con calidad, confiabilidad y oportunidad, que no necesariamente es lo mismo que abundancia; considerando además que en esta era a través de los medios digitales prácticamente todo está polarizado y todo se pone a debate.
La información calificada, con las cualidades antes mencionadas, se vuelve un elemento crítico cuando se requiere una respuesta específica y oportuna, por lo que no deberíamos volver a pasar por la pesadilla que un mandatario contradiga las indicaciones de un especialista, tratando de ser optimista y confunda a la sociedad, o que la gente desatienda la indicación de un gobernador porque no es del mismo partido del presidente, o que los alcaldes y alcaldesas traten de manera desesperada de convencer a sus ciudadanos de atender las indicaciones sanitarias, después que el hombre o mujer con el puesto político más prominente les ha dicho que ya se “domo” el problema.
Ojalá no sea necesario, pero si llegara el caso, sería bueno que cuando el Consejo de Salubridad General se tenga que reunir para hacer frente a un problema, considere establecer directrices y tal vez un vocero para el manejo de la comunicación sobre el asunto, quizá con eso tengamos mejor capacidad de reacción y entendamos en su momento como ciudadanos cuál es el interés superior, los objetivos, las prioridades y lo que de nosotros se espera para salir adelante sin arriesgarnos innecesariamente, ni tener que debatir la confiabilidad de quien lo indica.
Ojalá no sea necesario repito. Por lo pronto #QuédateEnTuCasaYa