El Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela declaró la falta temporal del presidente, por lo que Delcy Rodríguez juró como presidenta interina ante la Asamblea Nacional chavista
Atenea Rojas
La madrugada del pasado 3 de enero, Caracas, Venezuela amaneció entre explosiones en el cielo y el rugido silente de helicópteros que atravesaban la tormenta nocturna. Ese día, fuerzas militares de Estados Unidos ejecutaron la denominada “Operación Determinación Absoluta”, un operativo que culminó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, en su propio país.
Ya en manos de los estadounidenses, el ex presidente fue trasladado a la Corte Federal del distrito sur de Manhattan, donde compareció este lunes 05 de enero, vestido con uniforme de recluso y esposado, declarándose inocente de los cargos narco-terrorismo, conspiración para importar cocaína y posesión de armas de fuego ilegales, que se le imputan ante tribunales de Estados Unidos.
Se declara inocente en la Corte, Maduro mantuvo una postura desafiante, afirmando que él sigue siendo “el presidente de Venezuela” y denunciando lo que calificó como un “secuestro” por parte de Washington. Mientras tanto, Cilia Flores, su esposa, también se declaró inocente, alegando que habría sufrido lesiones durante la captura, por lo que solicitó atención médica. Ahora, esperan su próxima audiencia judicial para marzo.
Ante la ausencia de Maduro, el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela declaró la falta temporal del presidente, lo que llevó a que Delcy Rodríguez —su ex vicepresidenta— jurara como presidenta interina ante la Asamblea Nacional chavista, manteniéndose abierta a cooperar con Estados Unidos “bajo los marcos del derecho internacional”.
Tablero global Internamente en Venezuela, hubo protestas de apoyo a Maduro, así como grupos que celebraron el hecho, interpretándolo como un posible punto de quiebre tras años de crisis política y económica. A la par, Suiza anunció el congelamiento de todos los activos vinculados a Maduro y sus asociados dentro de su jurisdicción, una señal clara de que las implicaciones económicas se suman a las geopolíticas.
Por su parte, la presidenta Claudia Sheinbaum condenó cualquier intervención militar extranjera en los asuntos internos de otros países y se mantendrá fiel a la Doctrina Estrada —el principio de no intervención que rige su política exterior— aunque reiteró la importancia de la cooperación en temas de seguridad sin que esto implique intervención armada.