La tradición de la Rosca de Reyes fue traída a tierras aztecas desde España, aunque en ese entonces en lugar de ser colorida y azucarada, era un roscón salado.
Originario de una familia panadera del municipio de Santa Ana Maya que migró a la capital michoacana hace poco más de 40 años, don Oliverio Cruz Gutiérrez se ha desempeñado desde los 14 años de edad como panadero, hoy en día tiene su propio negocio llamado “Los Olivos” en honor a su propio nombre.

En la memoria del repostero están plasmadas las vivencias de su abuelo, quien con una carga de panecillos se aventuraba a recorrer los pueblos de la Riviera del Lago de Cuitzeo en busca de clientes o de hacer trueques para regresar a casa cargado de diversos productos para compartir con los hijos y nietos.
El señor Oliverio es el tercer panadero de su generación, y con una sonrisa recuerda a su fallecido tío, quien en su juventud se lanzó a la Ciudad de México, lugar donde trabajó en la elaboración de pastelillos cuyas recetas trajo consigo a la ciudad de la cantera rosa para compartirlas con la familia, por lo que de utilizar ingredientes básicos como huevo, agua, harina y sal, en grupo pasaron a mezclar otros productos que enamoraron el paladar de los clientes.
Interesado también en la historia, el hoy empresario relata cómo la tradición de la Rosca de Reyes fue traída a tierras aztecas desde España, aunque en ese entonces en lugar de ser colorida y azucarada, era un roscón salado, que fue y sigue cambiando con el pasar de los años.

Al menos en Morelia y de acuerdo a su experiencia, fue luego del terremoto de 1985 que quienes migraron a esta ciudad comenzaron a demandar las Roscas de Reyes, al principio unas 15 por temporada hasta llegar a producir 500 diarias que se han hecho tradición para compartir con familia, amigos o compañeros.