#OpiniónyAnálisis por #JuanCarlosNúñezArmas
Recientemente, en el trayecto de un viaje mi acompañante, me dijo: “¿Ya viste esa nube?, parece un elefante”. Mi respuesta fue una carcajada y decirle: “¡Qué imaginación tienes!”. Mi acompáñate decía: “Sí, mira, ahí se puede ver su cabeza, su cuerpo, su cola”, y yo me reía. El caso es que nuestra mente suele operar de manera similar en muchas situaciones. Los seres humanos imaginamos cosas. Es común encontrar en las redes sociales manifestaciones de creencias como que en marte se ve un rostro casi humano, que en la luna se ve un conejo o un queso y otras semejantes. El hecho es que la vívida imaginación que se manifiesta en otros ámbitos, también impacta a nuestra incipiente democracia y no de manera positiva. De tal suerte, los ciudadanos perciben, cada vez más, falta de líderes auténticos, a la luz de los gobiernos y políticos que tenemos. Ante circunstancias como ésta, muchas veces buscamos la salida fácil, por el hastío de lo usual.
Recordemos la historia de Kennet Arnold, piloto aviador que en 1947 reportó haber visto movimientos extraños en el cielo. Se le considera el primer hombre en reportar el avistamiento de ovnis porque en conferencia de prensa mencionó haber visto objetos que se desplazaban a gran velocidad y que se movían una manera extraña, como en media luna, aseguró que jamás había visto algo así. De su descripción nació el término “platillo volador”, concepto que nadie había escuchado jamás. Lo curioso es que a partir de esa fecha nos referimos a los ovnis como “platillos voladores”.
A este tipo de ilusiones sensoriales se les llama pareidolia, es decir, que cuando vemos un fenómeno difuso tendemos a darle forma de lo que conocemos, lo adaptamos. Entonces, alguien me decía que la nube parece elefante, o hay quien ve a la imagen de la virgen de Guadalupe en un árbol, como hace años sucedió en la vialidad Pino Suárez en el sentido de Metepec a Toluca.
En nuestra mente suelen formase estereotipos, por ejemplo, si en una película norteamericana aparecen latinos, le pregunto ¿cuál es rol que estos personajes tienen? Suelen representar inmigrantes, traficantes o trabajadores domésticos. Y si en esa película parecen rusos ¿qué rol suelen asignarles? Así, solemos ver a nuestro alrededor aquello que los demás dicen ver, es un fenómeno interesante porque vamos con la corriente y le damos la razón a la mayoría que dice ver o escuchar algo, igual que empezamos a ver ovnis después de los dichos de Kennet Arnold.
En la política nos sucede lo mismo. Decimos comprender cuanto otros quieren que entendamos. Tal vez no nos guste reconocerlo, pero cuando vemos un candidato surgido del círculo al que creemos pertenecer entonces vemos en él o ella a un redentor que tiene todas las cualidades, justificamos sus errores pasados, no importa si antes fue exitoso o no, si estuvo en otro partido o si fue sistemático, consistente o congruente, propiamente dicho, nos enamoramos de él o ella. Nos gusta creer que estamos en lo correcto, lo vemos como nos han dicho que es. Y sí, terminamos aceptando estereotipos culturales como la pareidolia, no nos detenemos a analizarlos los vemos como nos dijeron que los viéramos.
Por ejemplo, ahí tenemos la insistencia de López Obrador en denostar a Xóchitl, quiere que las y los electores la perciban como a él le conviene. Sea cierto o no, está creando un estereotipo en sus seguidores. López Obrador quiere que la veamos igual a quienes considera sus adversarios y cuya imagen ha desprestigiado, quiere reducir la realidad a su visión. Es un fenómeno social que se desarrolla de manera rápida. Así manipula a la población, especialmente a sus fanáticos: los de tal… (conservadores, fifís, neoliberales, etc.) son así y así es Xóchitl. En el otro sentido, pero con más dificultad, sucede lo mismo. Vemos a Claudia y sabemos qué nos han dicho de ella, creando un estereotipo; entonces, hay quienes creen que tiene todas las bondades universales, hasta habla igual que López Obrador, es la continuidad, es el futuro posible.
Identificar nuestros prejuicios es realmente complicado porque están en nosotros, porque no tenemos un pensamiento crítico de nosotros mismos y de nuestra realidad. Emitimos nuestra opinión y la consideramos válida como si conociéramos realmente a los actores políticos. Como ciudadanas y ciudadanos nuestro objetivo debe ser romper esos paradigmas, tener un pensamiento crítico. ¿Cómo podemos hacer eso? Por extraño que parezca la respuesta es muy sencilla: tenemos que trabajar en conjunto con quienes piensan diferente, quienes tienen prejuicios hacia nuestra forma de ser y comportarnos, la sociabilidad nos hará encontrar similitudes, puntos en común y coincidir en objetivos. Cambiar nuestra actitud frente a los diferentes, ser respetuosos y tolerantes, disminuirá nuestros prejuicios y nos acercará a conocer la realidad de nuestras y nuestros vecinos o, incluso, adversarios y entendernos, porque a final de cuentas todas y todos, nos guste o no, tenemos clara la aspiración de vivir mejor y ser mejores personas.