#OpiniónYAnálisis por #CynthiaValeriano
Cynthia Valeriano
Hoy inicia la Convención Bancaria en Nayarit que tiene como propósito hablar sobre el impacto de la banca en el Desarrollo Nacional. Al evento acudirá la Presidenta Claudia Sheinbaum quien firmará un acuerdo entre el gobierno y la Asociación de Bancos de México para incrementar el financiamiento a la MIPyME en nuestro país.
INEGI aún no da a conocer los resultados de la Encuesta Nacional de Financiamiento a las Empresas (ENAFIN), que fue levantada el año pasado, pero tenemos algunos datos que muestran el deterioro y la baja participación que el sector financiero formal tiene en el surgimiento, crecimiento o expansión de personas y empresas, que hoy más que nunca son necesarias en nuestra economía.
Sin embargo, si contamos con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera del 2024, que nos aporta una serie de datos muy valiosos sobre el vínculo entre el sistema financiero y la población. Los datos nos muestran que menos del 38% de la población en nuestro país en la medición del 2024 cuentan con un crédito, pero está solo es una medición promedio nacional, a nivel regional los comportamientos del crédito tienen diferencias importantes, mientras en la región Noroeste el porcentaje de penetración del crédito es del 46.2% de la población, tenemos cifras criticas como las de la región del sur del país con solo un 29.9% de acceso.
Si se desagrega este concepto por rubro, encontraremos que la estrategia más eficaz de penetración crediticia la encabezan las tiendas departamentales con un 22.6%, seguidas por las tarjetas de crédito bancarias con un 15.7%, crédito de nomina con un 6.9% y crédito de vivienda con un 5.6%. Estos resultados nos obligan a cuestionarnos cuales son las causas que desincentivan la inclusión financiera en nuestro país.
¿Se debe a las debilidades estructurales del sistema bancario, es decir, quizá los requisitos son poco alcanzables, la escasez de sucursales bancarias, falta de garantías o la existencia de un reducido número de productos que se adapten a las necesidades actuales de la población? O más bien dependen de la percepción ciudadana, los valores y actitudes del público o la falta de confianza en el sistema financiero, las respuestas parecen dejar más preguntas que respuestas.
El uso del crédito está directamente vinculado con la generación de patrimonio de las empresas y los individuos, la mitigación de riesgos o la atención de emergencias o eventos inesperados que comprometen la estabilidad financiera de los usuarios, pero también para extender las experiencias y utilidades del consumidor.
Ante la pregunta expresa de como se atienden las contingencias o las afectaciones económicas o ambientales, es decir, ¿de donde salen los recursos para atender una emergencia o situación inesperada? El 41.6% responde que hace uso de los ahorros, 25.5% le pide dinero prestado a familiares y amigos, 14.7% busca un apoyo gubernamental en dinero o especie y solo el 3.4% solicita un crédito bancario o hace uso de su tarjeta de crédito para enfrentarlo.
Aunque la encuesta no lo plantea en esos términos y la respuesta de los usuarios es un tanto contraproducente, en un 38.4% considera que no le gusta endeudarse, 20.7% no cumple los requisitos, 25.8% no le interesa y solo 7.8% considera que las comisiones son muy elevadas.
Es decir, parecería que la forma en la que visualizamos el crédito tiene más connotaciones negativas que positivas, producto en buena medida de las malas experiencias de años pasados y falta de educación financiera, a pesar de ello, cuando tiene la oportunidad de adquirir un bien, primero hace uso del crédito, principalmente a partir de las tarjetas de crédito (60.3%) antes que hacer uso de sus ahorros para evitar
descapitalizarse.
Mención aparte tiene la brecha de inclusión financiera por género, aunque es un tema en el que se esta avanzando con productos cada vez más cercanos a las necesidades de las mujeres.
En cuanto a las MIPyMES, el uso de crédito ha adquirido una relevancia mayor, aunque los datos son aún muy limitados, solo el 28% de las micro, pequeñas y medianas tienen acceso al crédito formal, si se trata de financiamiento, el 60% consigue periodos de financiamiento con sus proveedores, 16.2% financiamiento de otras empresas del grupo corporativo o cadena, 1% banca de desarrollo y 1.5% de la banca extranjera.
Parte sustantiva del Plan México lanzado por la Presidenta Sheinbaum, depende del incremento del financiamiento a las MIPyMES, de eso se trata de presencia en la Convención el día de hoy, de convencer a los dueños del sistema de disminuir las tasas de interés para hacer atractivo el financiamiento a personas físicas y morales, de mejorar los productos financieros y reducir la tramitología, también de generar estrategias para financiar la creación de emprendimientos, aunque el sector también pide mas políticas de intervención indirecta a través de la emisión de garantías para absorber las perdidas en caso de incumplimientos.
México tiene las comisiones bancarias y el costo financiero más elevado de los países de la OCDE y aunque están dando la batalla los bancos digitales, que han reducido sus costos de operación para volverse mucho más atractivos y competitivos en la oferta de productos de financiamiento, culturalmente tenemos una brecha enorme que superar, en ese sentido, la banca tradicional tiene mucho que reflexionar y superar si no quiere perder relevancia en el país y en efecto, no solo estar presentes en el financiamiento de grandes proyectos, sino cumplir con la función social que les dio origen.
Para cerrar la reflexión, también la encuesta de inclusión plantea un escenario que parecería desvinculado del tema central de la misma, pero cuyas respuestas podrían provocar que los encargados de administrar los recursos del país, pierdan el sueño, cuando se les pregunta a las personas como piensan cubrir sus gastos en la vejez, la respuesta mayoritaria (68.2%) contesta que será a partir de los apoyos del gobierno, al mismo tiempo, el 67.3% también refiere que tendrá que seguir trabajando para obtener sus ingresos, el 50.3% de las respuestas hacen referencia a los recursos provenientes de las pensiones y solo 25.3% consideraría la venta o renta de activos.
Ni una palabra se menciona del emprendimiento, la responsabilidad se asume que deberá ser absorbida por el gobierno, lo que plantea este resultado, es una proyección de un país en donde lo único
seguro, después de la muerte, será el empleo remunerado, lo que reduce las posibilidades de enfrentar una vejez digna y tranquila y donde el gobierno, cada vez tenga que descuidar más las áreas estratégicas para cumplir una promesa que carece de viabilidad.
Tenemos mucho que pensar.