Valle de Tulancingo, Hidalgo.- El arzobispo de Tulancingo, Domingo Díaz Martínez, así como los obispos de Huejutla y Tula, José Hiraís Acosta Beltrán y Juan Pedro Juárez Meléndez, consideraron más importante las atenciones médicas a la pandemia por coronavirus (Covid 19), que a la reciente legalización de la mariguana, por parte del Senado de la República.
En comunicado oficial conjunto, los prelados católicos señalan que “después de varios meses y con la entrada del periodo otoño – invierno, en que aumentan las enfermedades respiratorias, no sólo tendríamos que evaluar los estragos causados por esta pandemia, sino buscar alternativas de curación al alcance de nuestra gente”.
Por ello, señalaron ver con tristeza la aprobación por parte de los senadores del uso en general de la mariguana, tanto para usos medicinales, como lúdicos, considerando que “todo tipo de narcóticos perjudican gradualmente la salud, hasta terminar con la vida de quien los consume, dejando en lamentables situaciones a las familias de quienes han sido víctimas de esta enfermedad”, refiriéndose en la adicción al estupefaciente.
El documento a su vez cita a los obispos encargados de las comisiones de la Familia, Juventud, Laicos y Vida y Dimensión Episcopal de Salud de la Conferencia del Episcopado Mexicano, que señala: “ vemos una señal de una política de Estado que ignora al débil y descarta a quienes deberían ser los más tutelados. La legalización de un estupefaciente, sea este u otro, significa voltear la vista e ignorar las necesidades reales de la sociedad, y más aún en el contexto actual de la pandemia de Covid 19, la crisis económica y la crisis de inseguridad”.
Por ello, los prelados católicos invitaron a la población en general del estado de Hidalgo a tener conciencia de que la legalización en el uso y comercialización de la mariguana no es la solución para solucionar temas de salud y seguridad pública.
Hasta el momento, no se conoce si existirán actos públicos para manifestar rechazo a la legalización total en el uso de la mariguana.
Por Daniel Martínez Martínez