Aunque parece inofensivo, el funcionamiento de estas herramientas de Inteligencia artificial requiere miles de litros de agua, principalmente para enfriar los centros de datos que procesan millones de solicitudes diarias. Un solo entrenamiento de modelos como GPT-3 puede consumir hasta 700 mil litros de agua, y cada conversación larga genera hasta 1 litro de agua indirectamente.
Grandes empresas como Google y Microsoft intentan reducir su huella hídrica con agua reciclada, pero aún depende de fuentes locales, presionando comunidades ya afectadas por la escasez. OpenAI, detrás de ChatGPT, utiliza la infraestructura de Microsoft, que promete ser “agua positiva” para 2030, pero aún no lo logra.
¿Vale la pena este costo?
La inteligencia artificial es un avance impresionante, pero su sostenibilidad está en juego. Con el agua cada vez más escasa, es hora de que las empresas sean más transparentes sobre su consumo hídrico y sus esfuerzos para reducir su impacto. Cada byte tiene un costo, y la tecnología debe ser responsable.
Uso consciente, futuro sustentable
No se trata de dejar de usar IA, sino de hacerlo de manera más eficiente. Preguntas claras y conversaciones breves marcan la diferencia. Si buscamos un futuro sostenible, debemos usar la tecnología con la misma inteligencia con la que fue creada.