La Luna no solo ilumina las noches, sino que ha sido un elemento fundamental para la estabilidad del planeta y el desarrollo de la vida, afirmó el geógrafo Emilio Plasencia Rangel, responsable del Observatorio Meteorológico “Mariano Bárcena” de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), en el marco del Día Internacional de la Luna.
El especialista explicó que el satélite natural se formó hace aproximadamente 4 mil 500 millones de años, tras el impacto de un cuerpo celeste conocido como Theia contra la Tierra primitiva. Desde entonces, la relación gravitacional entre ambos cuerpos ha sido determinante para mantener la inclinación del eje terrestre, regular las mareas y favorecer las condiciones que hicieron posible la vida.
“Si la Luna fuera más pequeña o estuviera a una distancia distinta, el eje de rotación terrestre tendría otra inclinación y las estaciones del año no serían como hoy las conocemos. La presencia de la Luna es, literalmente, vital para la humanidad”, explicó.
Plasencia Rangel también aclaró que los colores con los que ocasionalmente se observa la Luna no corresponden a cambios reales del satélite, sino a efectos producidos por la atmósfera terrestre. Señaló que denominaciones como Luna azul, Luna rosa o Luna de fresa responden principalmente a tradiciones culturales y no a que el astro cambie de color.
Además de su importancia científica, destacó que la Luna se ha convertido en un laboratorio natural para estudiar la evolución del Sistema Solar y nuevamente ocupa un lugar prioritario en la exploración espacial con proyectos como Artemis, que busca establecer una presencia humana permanente en su superficie como paso previo a futuras misiones hacia Marte.
Finalmente, el universitario recordó que muchas de las tecnologías que hoy forman parte de la vida cotidiana surgieron de investigaciones relacionadas con la exploración espacial y aseguró que la Luna continúa siendo una fuente de conocimiento e inspiración para la humanidad. “La Luna sigue ahí para todos: puede despertar fascinación, motivar nuevas investigaciones o simplemente regalarnos un momento de tranquilidad al contemplarla”, concluyó.