Rocio Aguirre
Un fenómeno natural que dejó huella y enseñanzas para la ciencia y la cultura mexicana.
El volcán Paricutín, ubicado en Michoacán, México, es un fenómeno natural único en la historia de la vulcanología, pues es el único volcán moderno que ha sido visto nacer y crecer por el ser humano. Su origen se remonta al 20 de febrero de 1943, cuando el campesino Dionisio Pulido observó cómo su terreno de cultivo comenzó a agrietarse y expulsar humo, marcando el inicio de una erupción que cambiaría para siempre el paisaje de la región.
Durante nueve años de actividad volcánica, el Paricutín creció rápidamente, alcanzando cerca de 424 metros de altura desde su base. Sus erupciones, acompañadas de explosiones y corrientes de lava, sepultaron completamente el poblado de Paricutín y gran parte de San Juan Parangaricutiro. De este último pueblo solo sobrevivieron las torres y parte del Templo del Señor de los Milagros, que hoy se erige como un símbolo de resistencia en medio de la lava petrificada.
El Paricutín es un volcán monogenético, lo que significa que solo tuvo una fase eruptiva en su vida. Esta actividad concluyó en 1952, cuando el volcán entró en estado de reposo. Sin embargo, su nacimiento y evolución fueron documentados minuciosamente por científicos, brindando datos esenciales para el estudio de la dinámica volcánica y la formación de los conos volcánicos.
Hoy en día, el Paricutín es uno de los principales atractivos turísticos de Michoacán. Visitantes de todo el mundo llegan para caminar por el campo de lava, explorar las ruinas de San Juan Parangaricutiro y escalar el cono volcánico. Su historia no solo representa un capítulo único de la naturaleza, sino también un recordatorio de su fuerza transformadora.