Las vueltas continuas peatón representan uno de los puntos más críticos en la seguridad vial urbana. Cuando un vehículo gira a la derecha o izquierda sin detenerse ni verificar el paso peatonal, el riesgo de atropellamiento aumenta de forma considerable.
La vuelta continua permite al conductor avanzar aun cuando el semáforo está en rojo, siempre que no exista señalización que lo prohíba. Sin embargo, esta maniobra exige ceder el paso a peatones y ciclistas. El problema surge cuando la prioridad peatonal no se respeta.
En muchos cruces urbanos, la atención del conductor se centra en observar el flujo vehicular para incorporarse rápidamente. En ese proceso, el peatón que cruza con luz verde queda fuera del campo visual o se convierte en un obstáculo inesperado.
Desde el punto de vista de movilidad segura, el peatón debe ser el primer actor protegido en el espacio público. Las normas de tránsito establecen claramente que quien gira tiene la obligación de ceder el paso. No es una cortesía, es una regla básica de convivencia vial.
Las consecuencias de ignorar esta prioridad pueden ser graves. Los atropellamientos en intersecciones suelen ocurrir a baja velocidad, pero incluso a velocidades moderadas pueden provocar lesiones severas, especialmente en niñas, niños, adultos mayores o personas con discapacidad.
Además, las vueltas continuas peatón generan una sensación de inseguridad que desincentiva caminar. Cuando cruzar una calle implica exponerse a vehículos que no se detienen, el espacio público pierde su función social y se privilegia únicamente al automóvil.
Especialistas en seguridad vial recomiendan rediseñar cruces con señalización clara, semáforos peatonales visibles y, en algunos casos, eliminar la vuelta continua en zonas de alta afluencia. También subrayan la necesidad de reforzar cultura vial y sanciones efectivas.
La movilidad no se mide por cuántos autos avanzan sin detenerse, sino por cuántas personas llegan seguras a su destino. Priorizar al peatón no retrasa la ciudad; la hace más humana y segura.