El sol nos otorga diveros veneficios, sin embargo, en exceso, la piel puede sufrir diversos daños irreversibles.
La luz del sol es importante y necesaria para todos los seres vivos, en los humanos ayuda a mantener nuestros patrones de sueño por buen camino, a que la piel produzca vitamina D, que es necesaria para la función normal de los huesos y la salud, inclusive al no tomar sol algunas personas se vuelvan propensas a una forma de depresión conocida como trastorno afectivo estacional.
Sin embargo, también puede causar un daño severo. Un ejemplo de ello, es cuando nos quemamos con el sol, la capa más externa de la piel tiende a desprenderse de nuestro cuerpo.
Diversos estudios apuntan a que, no son las células de la piel las que se dañan y mueren, en realidad es el ADN el que es el dañado y luego las células deciden suicidarse para evitar convertir en cáncer.
A esto se le conoce como Apoptosis celular, la cual se define como un tipo de muerte celular en la que, una serie de procesos moleculares en la célula conducen a su muerte. Este es un método que el cuerpo usa para deshacerse de células innecesarias o anormales. El proceso de apoptosis puede estar bloqueado en las células cancerosas. También se llama muerte celular programada.