Las banquetas en México son uno de los elementos más olvidados en la planeación urbana, a pesar de ser fundamentales para la movilidad diaria de millones de personas.
Caminar debería ser la forma más básica, accesible y segura de desplazarse en cualquier ciudad. Sin embargo, en muchas zonas, las banquetas están deterioradas, invadidas o simplemente no existen. Esto obliga a peatones a bajar a la calle, exponiéndose a riesgos constantes.
El problema no es menor. Banquetas en mal estado afectan principalmente a personas adultas mayores, niñas, niños y personas con discapacidad, quienes enfrentan mayores obstáculos para moverse con seguridad. La falta de infraestructura adecuada también limita la autonomía y reduce el uso del espacio público.
Además, cuando caminar se vuelve incómodo o inseguro, las personas optan por otros medios de transporte, incluso para trayectos cortos. Esto genera más tráfico, más contaminación y menos vida urbana en las calles.
El urbanismo positivo plantea una solución clara: priorizar al peatón. Esto implica banquetas amplias, continuas, accesibles y libres de obstáculos, que permitan desplazamientos seguros y dignos.
Invertir en banquetas no es un gasto menor, es una decisión estratégica. Mejora la seguridad vial, fomenta la actividad económica local y fortalece la convivencia social.
Hoy, el reto no es reconocer el problema, sino actuar. Porque una ciudad que no permite caminar… es una ciudad que no está pensada para las personas.