México comienza a dar pasos hacia una transformación silenciosa de sus ciudades. Reformas recientes y reglamentos locales buscan retirar cables abandonados y avanzar gradualmente hacia infraestructura subterránea para telecomunicaciones.
La estrategia sobre cables subterráneos México surge a partir de nuevas disposiciones que obligan a empresas de internet, telefonía y televisión a retirar cableado inactivo y presentar planes para migrar infraestructura al subsuelo.
Además, distintas entidades y municipios ya han impulsado medidas propias para ordenar el paisaje urbano y disminuir riesgos asociados con cableado aéreo abandonado.
Por un lado, el tema suele relacionarse con imagen urbana. Las calles saturadas de cables generan contaminación visual y afectan la percepción de espacios públicos, especialmente en centros históricos o zonas turísticas.
Sin embargo, el impacto va mucho más allá de lo estético.
También existen razones relacionadas con protección civil. Cables colgantes pueden representar riesgos para peatones, ciclistas y vehículos pesados, además de generar afectaciones durante lluvias, vientos fuertes o accidentes.
Asimismo, especialistas en urbanismo señalan que soterrar infraestructura ayuda a construir ciudades más resilientes y con menor vulnerabilidad ante fenómenos naturales.
Ciudades internacionales como Copenhague, Barcelona o Tokio han utilizado este tipo de estrategias como parte de modelos urbanos más ordenados y seguros.
Sin embargo, el desafío sigue siendo económico y operativo.
Enterrar redes requiere inversión elevada, coordinación entre gobiernos y empresas, además de procesos graduales que pueden extenderse durante años.
La conversación sobre cables subterráneos México también abre una discusión sobre qué tipo de ciudad buscan construir las nuevas generaciones.
El reto será que estas políticas no se limiten únicamente a avenidas principales o zonas de mayor valor económico, sino que también alcancen colonias y espacios donde el cableado representa problemas cotidianos.