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Cuando las lenguas se desvanecen, también lo hace el rico tapiz de diversidad cultural del mundo

por Rafael Rodríguez
  • Opinión por Vanessa Valles

El fin de semana pasado fui al mercado y llego una señora con su hijo adolescente al que le preguntaba con prisa sobre las verduras que había que comprar, pero la conversación la tuvieron en lengua náhuatl.

No saben la emoción que me provocó escuchar que una joven madre se dirigiera a su hijo de esa forma en una ciudad donde el sonido de nuestras lenguas se pierden por el asfixiante ruido de la modernidad y la tecnología; si bien es cierto que en un principio no entendía nada no reparé en preguntarle qué lengua hablaba y con vergüenza me respondió que era náhuatl. La felicite y le hice saber que era maravilloso que ella conociera ese dialecto pero  sobre todo que conversara de esa forma con su hijo en un lugar público.

Hace unos días se conmemoró el Día Internacional de la Lengua Materna y fue la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y la Cultura (UNESCO) que designo que cada  21 de febrero se conmemorara esa fecha, y desde el año 2000 México lo ha celebrado con la finalidad de promover la reflexión y movilización a favor de la diversidad lingüística y de las lenguas del mundo.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, México es uno de los 10 países más ricos en diversidad lingüística, se hablan 68 lenguas indígenas o 364 si se cuentan sus variantes, además de dos lenguas de señas. Lo triste es que muchas están en riesgo de desaparecer,  porque a las nuevas generaciones ya no se les está enseñando a hablarla y conocerla.

En los libros de texto recientemente se han implementado políticas para acercar a los estudiantes un poco, solo un poco a la enseñanza de estas lenguas en todos los niveles educativos, con el fin de valorar nuestras lenguas. Sin embargo, no es suficiente, ya que aún existe cierta vergüenza  por hablarlas, como le sucedió a la señora del mercado, que ella de manera natural pertenece a una familia bilingüe, lo que nos habla de una gran habilidad lingüística, que por cierto no todos poseemos. Y aunque en nuestro país se “apoya” el bilingüismo, no hay financiamiento para los docentes, ni los materiales que permitan que los niños indígenas aprendan en su idioma.

Resultado: los alumnos terminan por dominar otra lengua y pierden la suya propia. Además, en muchas de éstas los padres empiezan a utilizar el español debido a la necesidad de comunicarse con otros grupos no indígenas, por ejemplo, para poder vender sus productos. Esto provoca, en algunos casos, que ya no se hable la lengua con los hijos y ésta se vaya perdiendo.

En el Estado de México aproximadamente 434 mil 510 habitantes hablan alguna lengua indígena, entre las que se mantienen vigentes son la mazahua, otomí, nahua, matlatzinca  y tlahuica. ¿Cuántos de nosotros nos hemos acercado a conocer alguna de ellas? Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación podrían contribuir a mejorar el proceso de aprendizaje y convertirse en un instrumento de preservación de las lenguas vernáculas. Lamentablemente, no es así ya que los pueblos indígenas son considerados minoritarios y  las políticas estatales de preservación lingüística se quedan cortas.

Una gran visualización de la lengua maya se dio en la cinta Wakanda Forever, la secuela de Black Panther una oportunidad para apreciar esta lengua en donde dos artistas de la Península de Yucatán, Yaalen  K’uj  y Pat Boy interpretaron un rap en maya. Y es que cuando las lenguas se desvanecen, también lo hace el rico tapiz de diversidad cultural del mundo.

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