Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, impulsado por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP) y la OMS, con el lema 2024-2026: “Cambiar la narrativa”. El objetivo es derribar el estigma, abrir el diálogo y construir una cultura de apoyo que salve vidas.
En Aguascalientes, el tema no es ajeno: el estado ha ocupado durante años los primeros lugares a nivel nacional en tasas de suicidio, con una incidencia particularmente alta entre jóvenes y adultos en edad productiva. De acuerdo con datos del INEGI y reportes locales de salud, la mayor parte de los casos ocurre en personas de entre 15 y 29 años, lo que refleja la urgencia de atender la salud mental de niñas, niños y adolescentes antes de que lleguen a una situación límite.
La realidad también golpea a los adultos mayores: la soledad, las enfermedades crónicas y la falta de redes de apoyo hacen de este sector uno de los más vulnerables. En contraste, los hombres representan la mayoría de los suicidios consumados, mientras que en mujeres y adolescentes se registran más intentos, lo que obliga a diseñar estrategias diferenciadas de prevención.
En 2021, la Región de las Américas registró 100,933 muertes por suicidio, con un crecimiento del 17% entre 2000 y 2019. México y Aguascalientes no son la excepción: los números muestran que no basta con atender emergencias, se requieren políticas públicas preventivas y sostenidas.
Organismos internacionales insisten en que la prevención es posible con intervenciones basadas en evidencia: restringir el acceso a medios letales, capacitar a los profesionales de salud, fortalecer las líneas de atención en crisis y fomentar campañas de sensibilización dirigidas a escuelas, familias y comunidades.
En Aguascalientes, “cambiar la narrativa” significa reconocer que la salud mental es un tema de interés público, no un asunto privado. Significa hablar de suicidio sin tabúes, dar seguimiento a quienes ya pidieron ayuda y entender que cada vida cuenta.
Porque la verdadera independencia de un pueblo también se mide en su capacidad para proteger la vida y la dignidad de quienes lo integran.