Especialistas advierten que la inacción ante la violencia contra niñas, niños y adolescentes refuerza malas prácticas, por lo que llaman a construir entornos de crianza basados en la empatía, la escucha y el respeto a los derechos humanos
Redacción MV
La Comisión de Derechos Humanos del Estado de México (CODHEM) presentó la videoconferencia “Crianza positiva”, impartida por el maestro Daniel Hernández Jiménez, del Instituto Mexiquense de Salud Mental y Adicciones (ISAMA), con el objetivo de fomentar modelos de educación más conscientes, responsables y libres de violencia para el adecuado desarrollo de infancias y adolescencias.
Durante su exposición, el especialista explicó que la crianza positiva busca establecer relaciones basadas en la escucha y la empatía, en las que niñas, niños y adolescentes sean tomados en cuenta y se atiendan sus necesidades emocionales y sociales, a fin de que crezcan en ambientes seguros y respetuosos. En este sentido, subrayó la importancia de evitar esquemas tradicionales donde únicamente las figuras adultas o de autoridad imponen decisiones sin diálogo.
Hernández Jiménez señaló que la crianza positiva trasciende el ámbito familiar y se convierte en una responsabilidad social, ya que todas las personas adultas influyen, de alguna manera, en la vida y formación de las infancias y adolescencias.
Asimismo, invitó a reflexionar sobre los modelos de crianza de generaciones anteriores, en los que muchas prácticas se realizaban con base en el conocimiento disponible en su momento, lo que derivó en omisiones o transgresiones de derechos de manera no intencional. Reconoció que la crianza tradicional suele generar conductas de control, dominio y sometimiento, por lo que destacó que es posible reaprender y construir formas de crianza más sanas y respetuosas.
Finalmente, el ponente enfatizó que la inacción o pasividad frente a situaciones de violencia contra niñas, niños o adolescentes refuerza malas prácticas, por lo que llamó a combatir el adultocentrismo y las conductas patriarcales históricamente normalizadas, que minimizan la capacidad de participación y razonamiento de las infancias.