Sus progenitores sólo le enseñaron a realizar estatuillas o figuras de estos popotillos y con el paso del tiempo él quiso innovar poniéndolos en presentaciones como cuadros o marcos, los que son característicos de su arte.
Joel Cornelio Rendón, es un artesano originario del municipio de Tzintzuntzan, quien tiene alrededor de treinta años realizando cuadros y esculturas con popotillos de trigo.
Fue su padre quien le enseñó el arte con el popotillo, pero con el paso del tiempo él fue perfeccionando su técnica al elaborar sus piezas. Su niñez respecto a las artesanías siempre fue dirigida a ese camino, debido a que sus dos padres eran artesanos y en casa no había otra cosa que hacer más que realizar estos trabajos.
Él, sus padres y hermanos veían esta actividad como un pasatiempo en familia, dice recordar como en las navidades hacían bastantes piezas como coronas, campanas o bastones, mientras que en semana santa producían vírgenes, cristos y cáliz.
Sus progenitores sólo le enseñaron a realizar estatuillas o figuras de estos popotillos y con el paso del tiempo él quiso innovar poniéndolos en presentaciones como cuadros o marcos, los que son característicos de su arte.
“En si yo no he exportado mis piezas, más bien las gentes que vienen de otros países, como Alemania, España, Bélgica, Colombia, Estados Unidos. Son de los que me acuerdo que han venido a comprarme de esos países; y ellos son los que los exportan”, relata Cornelio Rendón.
El artesano Joel cuenta que se siente orgulloso de haber recibido un premio honorifico, en la Ciudad de México, incluso lo ve como uno de sus más grandes logros como artesano.
La artesanía que le costó más trabajo realizar, según cuenta fue una a la que le llamó “Un Nuevo Sol Purépecha”, ya que él le hizo en medio un circulo; en representación a un nuevo fuego purépecha. Orgulloso menciona que esta obra tiene setenta y cinco lados y lleva un aproximado de tres mil ochocientos amarres.
El artesano dice que esta labor aparte de ser su pasión, también es su trabajo, por lo que le dedica alrededor de ocho o hasta diez horas al día a sus trabajos.
“El tiempo que tardo en hacer mis cuadros depende del modelo o del tamaño, pero hay algunas que duro quince días, otras ocho días, tres días, veintidós días; depende.” Relata Joel Cornelio.
El precio de su arte varía de acuerdo a el tamaño y su complejidad, por lo general oscilan entre los seis mil hasta los once mil pesos. Refiere y pone como ejemplo un pedido que le solicitó un hotel de Isla Mujeres de cincuenta piezas de un metro y medio de dimensión que cobrará por este trabajo seis mil quinientos.
El artesano expone que para lograr adquirir la materia prima tiene que salir a dos comunidades, ya que en Tzintzuntzan crecen los popotillos demasiados cortos porque la tierra no es apropiada.
Su taller está ubicado en la calle Lázaro Cárdenas, que es la calle principal; esquina con Aristeo Mercado. Su taller se llama “Tata Jurhiata” que en purépecha quiere decir “papá sol”. Pueden localizarlo por el número de teléfono 4341125151.