Seis años después de iniciar su primer mandato en medio de los sobresaltos que generó el fallecimiento de su antecesor y padre político Hugo Chávez, el presidente Nicolás Maduro arranca el jueves su controvertido segundo sexenio con un panorama nada fácil, una creciente presión internacional y una crisis sin precedentes que ha desatado una de las mayores migraciones de la región.
Maduro, un exchofer de autobús y dirigente sindical de 56 años, jurará como presidente ante el Tribunal Supremo de Justicia en un hecho inédito y en abierto desafío a la Asamblea Nacional -controlada por la oposición- que sostiene que su reelección es ilegal y le advirtió que de asumir estaría usurpando el Poder Ejecutivo.
Desde la mañana varios cientos de seguidores del gobierno y empleados públicos, con sus características camisetas rojas, se concentraron en los alrededores del máximo tribunal, ubicado noroeste de Caracas, para acompañar al mandatario en la ceremonia.
Las autopistas y avenidas de la capital venezolana amanecieron el jueves con escasa presencia de vehículos y transeúntes y en algunos puntos de la ciudad se observó presencia de la policía nacional custodiando las vías.
Entre banderas venezolanas y pequeños carteles con el dibujo del rostro del gobernante y la leyenda “Maduro usurpador”, un puñado de opositores se concentró en una vía del este de Caracas para protestar.