La movilidad urbana en Aguascalientes sigue mostrando una realidad preocupante: banquetas reducidas, pasos inseguros y un espacio público que parece hecho a la medida del automóvil y no de quienes caminan, pedalean o usan el transporte público.
De acuerdo con datos de la Secretaría de Movilidad, el parque vehicular en la entidad ya supera las 550 mil unidades, lo que ha vuelto los congestionamientos parte de la rutina diaria. El oriente y el sur de la capital son los sectores más golpeados, donde avenidas como Segundo Anillo, Siglo XXI o Convención se saturan a horas pico.
Mientras tanto, los peatones deben esquivar banquetas invadidas, baches o ciclovías interrumpidas que desaparecen de un tramo a otro. Lo preocupante es que este modelo urbano tiene un costo humano: más del 40% de los siniestros viales en el estado involucran a peatones, ciclistas o motociclistas.
En países como Japón o Alemania, la pirámide de la movilidad se cumple al pie de la letra: primero el peatón, después la bicicleta y el transporte público, y al final el automóvil. En Aguascalientes, en cambio, se siguen destinando millones de pesos a ampliar carriles viales, pero poco a banquetas dignas, cruces seguros o rutas de transporte escolar y público eficientes.
Expertos en urbanismo señalan que diseñar una ciudad caminable no es un lujo, sino una inversión en seguridad, salud y calidad de vida. La clave está en replantear prioridades: más banquetas accesibles, ciclovías continuas, rutas seguras para estudiantes y transporte público de calidad que reduzca la dependencia del automóvil.
La pregunta es simple pero urgente: ¿hasta cuándo seguiremos construyendo ciudades para los autos y no para las personas? Porque al final, una ciudad no se mide por la velocidad de sus vehículos, sino por la dignidad con la que caminan sus habitantes.