En el Día de la Gastronomía Sostenible, más de 60 representantes de 20 municipios del Estado de México se reunieron en Ixtlahuaca para compartir recetas, saberes ancestrales y la riqueza culinaria de sus comunidades.
Por: Berenice León
Con el maíz, el chile y el fogón como símbolos de herencia, más de 60 cocineras tradicionales de 20 municipios del Estado de México se dieron cita en Ixtlahuaca para conmemorar el Día de la Gastronomía Sostenible, un encuentro que resaltó la importancia de la cocina como vehículo de identidad cultural y memoria colectiva.
Bajo el lema “Sabores tradicionales que conectan con la tierra y la cultura”, el evento reunió a mujeres y hombres que salvaguardan recetas transmitidas de generación en generación. Tlaminas, tortillas ceremoniales, atoles, tamales de milpa, moles de temporada, quelites, chilacayotes y guisos de temporada se ofrecieron como parte de una muestra viva del patrimonio alimentario de los pueblos originarios del norte mexiquense.
La cocina tradicional es uno de los pilares de la cultura popular en municipios como Temascalcingo, El Oro, Aculco, Jocotitlán, San Felipe del Progreso y San José del Rincón, donde aún se utilizan técnicas prehispánicas de preparación y productos del campo local. En muchos casos, las cocineras no sólo preparan los alimentos, sino que también cultivan sus propios ingredientes, seleccionan sus semillas y elaboran utensilios como metates o comales.
De acuerdo con datos del Instituto de Investigación y Fomento de las Artesanías del Estado de México, en la entidad hay más de 2,000 cocineras tradicionales reconocidas, muchas de ellas portadoras del conocimiento gastronómico mazahua, otomí, matlatzinca y tlahuica. Su labor ha sido clave para que platillos como el mole de olla mazahua, los tacos de plaza, el pan ceremonial o los atoles fermentados sigan presentes en las festividades comunitarias.
Durante el encuentro, además de la exposición de platillos, se realizaron conversatorios sobre la sostenibilidad alimentaria, el rescate de ingredientes endémicos y la importancia de la cocina como espacio de transmisión oral y empoderamiento femenino.
Para comunidades rurales como las de Ixtlahuaca o Jiquipilco, las cocineras no sólo son guardianas del sabor, sino también promotoras de turismo cultural, ya que cada vez más visitantes buscan experiencias auténticas en torno a la cocina local. En este sentido, la gastronomía tradicional se ha convertido en una herramienta de desarrollo comunitario y conservación ecológica.
El evento fue un recordatorio de que preservar las cocinas tradicionales no solo implica conservar recetas, sino proteger territorios, lenguas, ecosistemas y formas de vida que resisten frente a la homogeneización cultural. Como señalaron las propias cocineras, “cocinar es sembrar, resistir y contar la historia de nuestro pueblo con cada bocado”.