Aunque los campesinos vigilan sus parcelas, reconocen que no hay garantía de evitar los hurtos en esta etapa previa a la cosecha.
Por: Berenice León
En Atlacomulco, productores de maíz reportaron el inicio de la temporada de robos de elote, una problemática que cada año se repite cuando las mazorcas alcanzan su maduración y se acerca la cosecha.
De acuerdo con los campesinos, los robos suelen incrementarse entre finales de agosto y septiembre, justo cuando el elote se encuentra “en su punto” para el consumo. “Es la etapa más crítica, porque cualquiera entra, corta lo que puede y lo vende en costales en los tianguis. Uno cuida la parcela, pero no hay manera de vigilar cada metro”, compartió un agricultor.
Las comunidades agrícolas de San Pedro del Rosal, San Francisco y el ejido La Loma son algunas de las más afectadas, donde vecinos han reportado la presencia de personas ajenas que ingresan de madrugada para sustraer el producto.
Aunque son los propios productores quienes organizan rondines nocturnos para proteger sus milpas, reconocen que no existe garantía de frenar los hurtos. “Podemos vigilar, pero basta un descuido de minutos para que se pierda el trabajo de meses”, señalaron.
El impacto económico no es menor: un costal de elotes en la región puede alcanzar entre 250 y 350 pesos, mientras que en una hectárea caben hasta 3 mil 500 mazorcas listas para consumo, lo que representa miles de pesos perdidos con cada robo.
Atlacomulco se mantiene como uno de los municipios con mayor tradición en la siembra de maíz en la zona norte del Estado de México; sin embargo, la falta de seguridad en el campo y el repunte de robos desanima a productores y pone en riesgo la rentabilidad de esta actividad que por generaciones ha dado sustento a las familias campesinas.