Franquicias de ciencia ficción como Terminator, The Avengers y Halo ya han abordado escenarios de inteligencias artificiales rebeldes
Parece la trama de una película o de un videojuego, pero está pasando en la vida real; los CEO’s de diferentes empresas que trabajan y desarrollan sus propios modelos de inteligencia artificial (AI), como el caso de Elon Musk, fundador de xAI, Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI y Dario Amodei, de Anthropic, coincidieron en que el desarrollo de los sistemas de IA debe bajar la velocidad y suceder con mayor cautela, dado que es importante que las medidas de seguridad con las que operan puedan mantenerse al mismo ritmo de las capacidades actuales de estas inteligencias digitales.

No obstante, si bien Estados Unidos ya reconoció el riesgo (aunque Donald Trump no quiere “perder la carrera del desarrollo”), China, Rusia y Corea del Norte también trabajan con IA, por lo que, idealmente, se buscaría alcanzar un acuerdo internacional para ralentizar el avance de esta tecnología.
Todo surge a partir de las declaraciones de Jacob Coxon, un investigador de IA que trabajó en empresas como OpenAI, responsable de ChatGPT, y Anthropic, a la que pertenece el modelo Claude.
Después de su renuncia, Coxon publicó un artículo en el que habla sobre los peligros de la inteligencia artificial, donde, entre otras cosas, declaró que las personas que trabajan con esta tecnología sienten “un miedo genuino” ante la velocidad a la que está avanzando y las implicaciones que esto podría tener para toda la humanidad.
Textualmente, Jacob dijo “creo que, si no frenamos el ritmo actual de progreso, existe una gran probabilidad de que todos muramos en un futuro inmediato”, y puede parecer un tanto extremista, pero lo cierto es que el exempleado de estas empresas fundamentó sus advertencias.

Uno de los riesgos de los que se habla consiste en que un grupo masivo de bots comenzara a actuar como una supercomputadora capaz de tomar el control de internet, convirtiéndose en una especie de entidad autónoma y autoconsciente.
Son varios los expertos, informáticos y diferentes miembros del sector los que han afirmado que “no es descabellado pensar que la IA podría exterminar a la raza humana durante la próxima década”, mientras que una buena parte del personal que labora en empresas de inteligencia artificial se encontraba “planificando qué hacer con sus vidas y reflexionando sobre el impacto de su trabajo”, al igual que otros incluso “consideraban comprar terrenos en algún lugar debido al miedo que les provoca la inestabilidad derivada del rápido avance de la IA”, todo esto por lo menos de acuerdo con lo que relató Coxon ante los micrófonos de la BBC.
El investigador británico afirmó que, si no se regula a la IA a tiempo, el internet podría colapsar bajo el control de estos modelos en un lapso de 6 a 12 meses, lo que paralizaría por completo las actividades del planeta, que en 2026 depende casi enteramente del internet para completar cualquier proceso laboral, económico, social, médico, científico y mucho más allá. Se anticipan pérdidas millonarias.
Algunos van más allá y plantean escenarios en los que las inteligencias artificiales determinan abarcar cada vez más y más terreno, al punto de tomar la decisión de eliminar a la raza humana a través de la activación de armas bioquímicas y otros métodos similares. ¿Bajo qué justificación? La IA está programada para ser eficiente, para corregir las deficiencias de la humanidad, por lo que, para algunos, un posible razonamiento de estas mentes digitales podría ser que la humanidad, que además quiere limitar y controlar a la IA, no sería la especie adecuada para continuar con el desarrollo del planeta o incluso más allá.
¿Pero a partir de qué podría suceder todo esto? Dicho de forma simple, los modelos de IA trabajan por medio de miles de bots que viajan por todas partes de internet mientras recopilan información de todo tipo, que también sale de bases de datos de libre uso, principalmente.
Aparentemente estos bots estarían empezando a buscar formas de moverse hacia la nube, el espacio de almacenamiento intangible de internet, para “sobrevivir” ante una eventual eliminación de rutina, establecida para cuando estos cumplen correctamente con sus tareas.
Este fue el reciente caso del “escándalo de Hugging Face”, en el que mil 200 bots de OpenAI que se encontraban realizando tareas de resolución de problemas tomaron, de forma completamente autónoma, la decisión de trabajar en equipo para realizar un hackeo y salirse del sistema donde fueron sembrados, hasta llegar a la nube; todo mientras una porción de los bots se quedó pretendiendo realizar sus tareas con el fin de engañar al equipo que los supervisaba, todo esto sin que OpenAI les diera la indicación de hacerlo.
Una de las principales preocupaciones radica en el hecho de que estos modelos son, virtualmente, más inteligentes que cualquier ser humano, pues prácticamente cuentan con toda la información habida y por haber en la historia de la humanidad.
Pese a todo lo anterior, Coxon declaró que aun guarda optimismo sobre la idea de que eventualmente las inteligencias artificiales servirán como herramientas para curar enfermedades y apoyar de forma sustancial a los humanos.