- La violencia simbólica hace referencia a aquellos mensajes y formas de discurso que esconden ideas de discriminación a las mujeres, perpetuándolas y normalizándolas.
Hasta hace poco, frases como “pelea como niña”, “seguramente está en sus días”, eran dichas con total naturalidad, y los chistes y comentarios parecidos eran pan de cada día sin que nadie se cuestionara el trasfondo violento de éstos. Inclusive, hace no muchos años, era bastante común encontrar, en películas, series de televisión, shows de comedia y otros, mensajes sutilmente despectivos hacia las mujeres, que eran bien recibidos, minimizados e incluso celebrados bajo el pensamiento de que se trataba “solamente de una broma” o un comentario inofensivo.
Hoy en día, a pesar de que cada vez es más visible y señalada la violencia de género en el discurso social, sigue existiendo a nivel colectivo un tipo de violencia sutil, pero no por ello menos dañina: la violencia simbólica. Y es que una particularidad de este tipo de violencia es que pareciera que no genera efectos a corto plazo, sin embargo, arraiga poco a poco ideas que pueden perjudicar el pensamiento general e inconsciente de la sociedad, y como un discurso absolutamente normalizado, se vuelven una idea aceptada que impide a las mujeres vivir libres de estereotipos.
¿Qué es la violencia simbólica?
Cruces x Rosas, Asociación Civil que tiene como objetivo empoderar a las mujeres para romper los patrones de violencia presentes en las dinámicas de pareja, define la violencia simbólica como un tipo violencia normalizada en la sociedad por los usos y costumbres, que se expresa por medio de mensajes, valores, discurso, o signos que normalizan el control económico, control de la sociabilidad, de la movilidad, menosprecio moral, menosprecio estético, menosprecio sexual, descalificación intelectual y descalificación profesional de las mujeres.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación, en su Protocolo para Juzgar con Perspectiva de Género, resume a la violencia simbólica como aquella que se da a través del uso y reproducción de estereotipos y roles de género, así como la reproducción de ideas y mensajes basados en la discriminación y desigualdad por razones de género, en el que, por décadas, se ha puesto a las mujeres en una situación de inferioridad ante los hombres en una sociedad tradicional.
Estas acciones de violencia simbólica son constantes en campañas publicitarias o coberturas mediáticas, por ejemplo, y profundizan las desigualdades existentes entre hombres y mujeres.
Lo invisible no siempre es inofensivo
Este tipo de violencia, que también se ha denominado como micromachismos hace referencia a comentarios y mensajes aparentemente inocentes y no mal intencionados, que esconden realmente un trasfondo de discriminación cotidiana que suele estar normalizada, y por ello, su incidencia es frecuentemente invisibilizada.
Un ejemplo de micromachismo o violencia simbólica, por ejemplo, se da cuando una mujer que está exponiendo una idea es interrumpida para reformular o repetir lo que ya se había dicho previamente, denotando un desdén interiorizado hacia la capacidad de las mujeres para expresarse y tener conocimiento de algún tema, haciendo parecer necesaria una reivindicación de terceros para que su argumento tenga validez social.
“Se trata de una forma socialmente legitimada de violencia que se vuelve “aceptable”. Esto ha permitido que durante generaciones, la idea colectiva de las mujeres como seres humanos inferiores traiga consigo consecuencias más fuertes y visibles, como violencia física, psicológica, económica y otras.” señala Camila Trombert, co-fundadora y directora de Cruces x Rosas.
La legitimación de un discurso o mensaje en la sociedad se da por repetición y se perpetúa a lo largo del tiempo, es decir, una práctica continua fortalece a la misma y la impregna en la vida diaria de las personas hasta que éstas la aceptan y no son capaces de identificar que existe un problema.
“Esto significa que, a pesar de los aparentes logros respecto a la idea de igualdad entre hombres y mujeres, por la implementación de herramientas jurídicas y sociales, la diferenciación simbólica entre ambos sigue permeando, lo que impide que a nivel ideológico exista esta igualdad. A nivel social, es un tipo de violencia peligrosa que debe ser visibilizada y erradicada”, menciona Camila.
Pese a que actualmente la sociedad ha generado mayor conciencia sobre discursos de esta naturaleza, en el caso de la violencia simbólica es necesario un esfuerzo adicional para identificarla y erradicarla, debido al gran arraigo que ha alcanzado en nuestra convivencia diaria.
“Para que exista un cambio verdadero en la sociedad que nos lleve a una igualdad real, es necesario que exista una convicción ideológica de todas las personas, y eso no será posible mientras sigamos normalizando la desigualdad a nivel discurso. El lenguaje crea realidades, y las futuras generaciones deben ser conscientes de que existe un problema, por más invisible que parezca hoy en día”.