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#Opinión | ¿CÓMO Y EN QUE GASTAMOS LOS MEXICANOS?

por Shaira Mulia

#Opinión y #Análisis por Cynthia Valeriano

Hay estadísticas que describen una economía y otras que, revelan la vida cotidiana que esa economía permite, es el caso de la Encuesta Nacional de Gasto (ENG) 2025, publicada por el INEGI el 30 de septiembre.

El dato que seguramente encabezará muchas notas periodísticas es sencillo: un hogar mexicano gastó en promedio 24,801 pesos mensuales durante 2025, de ese monto, 19,310 pesos correspondieron a gasto monetario y 5,491 a gasto no monetario, es decir, autoconsumo, regalos recibidos o la renta ahorrada por vivir en casa propia.

Pero, la verdadera pregunta no es cuánto gastan los mexicanos, es ¿En que tienen que gastar antes de poder elegir qué hacer con su dinero?, y es ahí donde está la información más interesante, ya que el 55% de los recursos, se van antes de empezar a decidir. De los 19,310 pesos de gasto monetario mensual, los hogares destinaron 6,746 pesos a alimentos, bebidas y tabaco y otros 3,863 pesos a transporte y comunicaciones. Juntos representan aproximadamente 55% de todo el gasto monetario familiar, es decir, más de la mitad del presupuesto desaparece, en dos decisiones básicas: comer y desplazarse/comunicarse, lo que deja a los hogares con un margen de maniobra de solo el 45% de sus recursos para atender otras necesidades.

En los hogares rurales, 40.3% del gasto monetario se destina a alimentos, bebidas y tabaco, frente a 33.9% en las zonas urbanas. En educación y esparcimiento ocurre exactamente lo contrario: los hogares urbanos destinan 9% de su presupuesto; los rurales, apenas 5.8%, esto no solo muestra dos patrones distintos de consumo, en esencia, nos habla de niveles de libertad económica de las familias, ya que con el presupuesto remanente se deben atender otras cuestiones como la educación, la recreación, la cultura, el ahorro, la adquisición de tecnología, el vestido y el calzado, la salud, los cuidados personales o la inversión.

Otro dato interesante tiene que ver con la geografía de este gasto y es que las diferentes realidades son abrumadoras, por ejemplo, un hogar de la Ciudad de México registró un gasto corriente monetario mensual promedio de 28,188 pesos; Querétaro de 27,228 o Nuevo León de 26,905, mientras en Chiapas, los ingresos fueron de apenas 12,734 pesos, es decir, el gasto promedio de una familia en la Ciudad de México es 2.2 veces superior al de una familia en Chiapas.

Pero no se trata solo de diferencias estadísticas entre gastos, la forma en la que gastamos (y recibimos) nuestros ingresos, plantea la existencia de diversas trayectorias de acumulación futura, en pocas palabras, condiciona la posibilidad de mejorar la realidad de los miembros de las familias o reproduce los círculos de pobreza extrema.

En cuanto al transporte y las telecomunicaciones, estas absorben 20 de cada 100 pesos de gasto, alrededor de 3,863 pesos mensuales, lo que representa un desembolso enorme que nos muestra lo que todos observamos cada día, personas que se abordan 2 o 3 medios de transporte al día para llegar a los centros de trabajo, transporte público que se encarece en algunas zonas conurbadas pero que no resulta tan eficiente, de ahí el crecimiento de la demanda de motocicletas en prácticamente todo el país, como una alternativa de solución a esta problemática y contar por ende, con más tiempo para dedicarlo a otras actividades y tareas.

El INEGI señala que los hogares realizaron, en promedio, 4,107 pesos mensuales de erogaciones financieras y de capital, es decir, ahorro, pagos crediticios, vivienda y otras operaciones, pero de este monto, solo 1,660 pesos correspondieron a depósitos en cuentas de ahorro, tandas y cajas de ahorro, mientras que 1,075 pesos fueron pagos de tarjetas de crédito, 439 pesos cuotas relacionadas con vivienda propia, 358 pesos mantenimiento o ampliación de vivienda y 289 pesos pagos de otras deudas y el dato es revelador, principalmente cuando en el sistema financiero actual se han diversificado las opciones de crédito al por mayor, generando dependencias económicas, sobre todo en los hogares urbanos. De hecho, durante el 2025, el pago de tarjetas mostró oscilaciones muy pronunciadas: cayó 21.7% entre el primer y segundo trimestre, aumentó 25% entre el segundo y tercero y volvió a caer 15.4% al cierre mientras los depósitos en cuentas de ahorro, tandas y cajas de ahorro disminuyeron 23% entre el tercer y cuarto trimestre.

También se muestran datos muy importantes en torno a como nos alimentamos, ya que dentro de los alimentos consumidos dentro del hogar, el grupo de proteínas de origen animal concentró 38.2% del gasto, seguido por calorías, carbohidratos y grasas, con 27.3%. Vitaminas y minerales representaron 12.9%, mientras que las proteínas vegetales apenas alcanzaron 1.8%. El 80.9% de los hogares mencionó que pudo adquirir verduras, pero sólo el 56.3% pudo consumir frutas.

En la actualidad, los problemas de alimentación han generado una fuerte presión financiera y de atención para los servicios públicos, este problema no necesariamente se resuelve con atención nutricional, sino con la posibilidad de adquirir una canasta balanceada, variada y nutritiva para todos los hogares,

Durante décadas la discusión de la realidad económica de los mexicanos se ha concentrado en mejorar los salarios, ampliar el empleo, controlar la inflación o mitigar los efectos de la pobreza, pero los datos presentados por el INEGI nos incorporan una capa adicional de análisis profundamente valiosa, ¿cuál es el costo de vivir en el país?, ya que con esta información, los encargados de proponer y ejecutar política pública pueden decidir con evidencia si se debe ampliar el monto de las transferencias o mejor reducir los costos que las familias enfrentan para mejorar su bienestar, si la preocupación debe colocarse en el mejor diseño de las ciudades o en las condiciones, calidad y costo del transporte, en la movilidad de los centros de trabajo o en el costo de las telecomunicaciones que cada vez se vuelven más importantes para acceder a los servicios y bienes públicos y privados y que no contribuyan a la concentración de la riqueza en pocas manos o si el presupuesto debe orientarse a elevar la competencia y productividad agroalimentaria para con ello, elevar las posibilidades de mejorar la dieta de cada familia.

Podríamos decir que es aquí donde se encuentra la aportación más importante que puede desprenderse de estos datos, porque cuando más de la mitad del gasto monetario se concentra en alimentación y transporte, cuando en las zonas rurales cuatro de cada diez pesos se destinan a alimentos y cuando un hogar de la Ciudad de México gasta más del doble que uno de Chiapas, la cuestión relevante ya no es únicamente cuánto consumimos, sino que tan libres somos después de pagar para vivir donde y como vivimos.

MGPP Cynthia Valeriano López

Profesora de Economía

Tec de Monterrey, Campus Toluca

cvaleriano@tec.mx

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