#OpiniónYAnálisis por #RaúlMandujano
Raúl Mandujano
Por allá de 1994, durante los primeros minutos de ese inolvidable año nuevo, se acordarán, los indígenas de Chiapas se levantaron en armas contra México. Con escopetas para cazar patos, con palos y machetes se enfrentaron al ejército mexicano. Los combates en San Cristóbal de las Casas, Ocosingo, Las Margaritas y Altamirano duraron solo 12 días, pero en nuestra memoria quedaron aquellas tristes imágenes transmitidas por televisión.
El gobierno buscó a los culpables, a “los cabecillas del movimiento”, no a las causas, porque así le “lavaban las manos” a los gobiernos estatales causantes de la marginación y la pobreza indígena. En enero de 1995, el expresidente Ernesto Zedillo reveló que detrás de ese “levantamiento” estaba Rafael Sebastián Guillén Vicente, y lo acusó de traición a la patria, terrorismo, sedición y rebelión.
Recuerdo, porque ahí estuve como reportero del Financiero, que, en 1996, el subcomandante accedió a dialogar con la prensa. Fue en San Cristobal. Con pasamontañas cubriendo su rostro, vestimenta militar y una gorra descolorida, con una pipa en la mano, este profesor en Filosofía y Letras lideró al Ejército Zapatista desde 1994 y hasta 2014, cuando, durante un homenaje al zapatista Votán Galeano, en Chiapas, anunció que el Subcomandante había muerto. No volvería. Pero si reapareció, fue en diciembre de 2024, durante una conmemoración por el “levantamiento”. Ahí aseguró que los indígenas zapatistas no se amedrentarían ante el crimen organizado, las pandemias, los desastres naturales, Trump, la 4T, el olvido, el desprecio ni la mentira.
Curiosamente, un organismo que ponía atención al rubro de la pobreza extrema en las montañas, el Coneval (que lo desaparecerían en junio de 2025) entre sus últimos informes, reveló que 3 de cada 4 indígenas de las montañas y regiones rurales, niños, mujeres, ancianos, jóvenes y adultos, carecían de acceso a vivienda, servicios, salud y educación digna, y sólo el 7.5 por ciento de ellos superaban la pobreza extrema. El Coneval citaba que sus condiciones de vida y trabajos, los mantienen en pobreza crónica, sin esperanza de mejoras.
Recordando al subcomandante y su lucha por los indígenas, y en el marco del 8M, la otrora Comisión Nacional de los Derechos Humanos, los de a deveras, revelaba que se encontraban presas un promedio de 100 mujeres indígenas en cada uno de los penales femeniles del país, sin juicios claros ni delitos, y de las 30 mil mujeres desaparecidas hasta 2025, unas 3 mil son indígenas, a las que nadie busca. Ellos y ellas siguen siendo un renglón pendiente y torcido de la justicia. Mi X @raulmandujano