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#Opinión | La Mayoría Silenciosa. La ley “Antimemes” de Morena normaliza el poder sin contrapesos

por Shaira Mulia

Opinión de Javier Martínez

Un meme puede convertir una decisión gubernamental en sátira, una promesa en caricatura o una contradicción en motivo de burla. Por eso preocupa la reforma conocida como “Ley antimemes”, cuyo objetivo declarado es sancionar el uso indebido de identidades institucionales, pero que ha generado dudas sobre sus posibles efectos en la libertad de expresión.

Aunque las comisiones del Senado modificaron el artículo 403 Bis, redujeron las penas y precisaron que la conducta sancionada tendría que implicar la intención de hacer pasar como oficial una comunicación, documento, plataforma o servicio, persiste una pregunta fundamental: ¿Qué tan clara es la frontera entre combatir un delito y castigar una expresión satírica o política?

Cuando una ley deja demasiado margen de interpretación, el riesgo es que una autoridad determine arbitrariamente cuándo una parodia deja de ser humor y se convierte en infracción.

La preocupación resulta mayor al recordar que Morena defendió durante años la libertad de expresión. Andrés Manuel López Obrador afirmó en 2021 que prefería tolerar excesos antes que limitar esa libertad y cuestionó la censura ejercida por las plataformas digitales. Además, los estatutos de Morena reconocen la libertad de expresar puntos de vista divergentes.

La contradicción es evidente: defender la libertad desde la oposición es sencillo; el verdadero desafío aparece cuando las críticas se dirigen contra el partido en el poder. Los memes que antes cuestionaban al PRI, al PAN o a cualquier adversario no pierden su valor democrático cuando Morena llega al gobierno.

El papel de Movimiento Ciudadano es importante en estos momentos de definición; en momentos álgidos, “los naranjas” se la han jugado con Morena y no han fungido como oposición; hoy tienen la necesidad de proteger de las demandas a Samuel García en Nuevo León y quieren impulsar a Luis Donaldo Colosio Riojas en Sonora. La abstención en las comisiones que tocaron el punto de acuerdo alimenta las especulaciones sobre acuerdos eventuales del pasado, aunque no prueban la existencia de un pacto. En democracia, sin embargo, La Mayoría Silenciosa tiene derecho a exigir transparencia y explicaciones.

La abstención y la ausencia también comunican. Los legisladores no fueron electos para obedecer ciegamente a sus bancadas, sino para representar a la sociedad y explicar sus decisiones. Cuando una reforma puede afectar derechos fundamentales, votar, abstenerse o no acudir sin justificarlo revela una preocupante subordinación de la responsabilidad pública a los intereses partidistas.

El peligro no es únicamente el meme, sino el precedente. Las democracias se debilitan cuando las leyes son ambiguas, los contrapesos pierden fuerza y los congresos dejan de cuestionar al Ejecutivo. Una restricción aplicada hoy contra una crítica a Morena podría, mañana, utilizarse contra el PAN, MC o cualquier ciudadano incómodo.

Un gobierno democrático debe aprender a convivir con la protesta, la caricatura, la sátira y los memes. La Mayoría Silenciosa necesita leyes claras que persigan delitos reales, no normas que conviertan la crítica política en un terreno minado.

El trabajo de los diputados no es proteger al partido, sino proteger los derechos de quienes los eligieron. Si Morena usa su mayoría para blindar al poder y MC decide cuándo acompañarlo o apartarse según sus intereses, La Mayoría Silenciosa termina siendo la única que no tiene bancada.

El problema, entonces, no será solamente una “Ley Antimemes”, sino la normalización de un poder sin contrapesos. Y cuando una sociedad se acostumbra a eso, recuperar la democracia cuesta mucho más que defenderla a tiempo.

El PT juega con fuego

Las arengas de Reginaldo Sandoval, coordinador de la bancada de los diputados del Partido del Trabajo en San Lázaro, al amagar que tal vez no puedan ganar una gubernatura, pero pueden hacer perder a Morena 12 gubernaturas, es real; lo que no es factible es que el PT pueda conservar el registro si va solo a las elecciones del 2027, por tanto, su afrenta solo es una amenaza que se quedará para la historia como un berrinche y nada más.

Los hechos son muy claros: se quejan del trato que le dan al Partido Verde, pero no toman en cuenta el financiamiento que reciben para sus CENDIS; hablan de inequidad, pero ellos no se preparan para ir solos en las elecciones. El Verde, con sus métodos mediáticos, de recoger cientos de cuadros de otros partidos, aunque no representan nada, hace parecer que tienen personas suficientes para competir solos. El PT haría lo que están anunciando ahora, ofrecer candidaturas a los inconformes; siempre han despreciado el crecimiento, ahuyentan a las personas que tienen potencial electoral, con tal de no incluirlos en los puestos directivos del partido. Así es que si quieren ir a la guerra, primero deben conseguir soldados, porque si no, solo están jugando con fuego.

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