#OpiniónYAnálisis por #CynthiaValerianoLópez
Cynthia Valeriano López
En recientes fechas el Secretario de Hacienda, Edgar Amador, anunció el nuevo “Plan de inversión en infraestructura para el desarrollo con bienestar 2026-2030”, con el objetivo de demostrarle a los inversionistas y empresarios nacionales y extranjeros, que el gobierno está dispuesto a inyectar hasta 5.6 billones de pesos del 2026 hasta el 2030 en más de 1,500 proyectos de inversión divididos en 8 sectores, empezando por más de 700 mil millones para el 2026.
Y es que la preocupación es evidente, por más reuniones, anuncios, invitaciones, consejos asesores, fotografías y promoción de actores estratégicos como el propio Carlos Slim, la inversión privada nomás no fluye, ¿la razón?, la confianza de los empresarios anda muy baja, en 48 puntos de 100 de acuerdo con el indicador para el mes de enero dado a conocer por el INEGI esta semana. Se ajustó la narrativa, se
estableció un vínculo más cercano con la comunidad empresarial, se le creó una posición estratégica a Altagracia Gómez para que atrajera inversión al país como coordinadora del Consejo Asesor de Desarrollo Económico Regional y Relocalización, se planteó un Plan México con proyectos estratégicos muy importantes, necesarios para el país, serios, sin caprichos político-electorales, vamos, existe un dialogo fluido entre empresarios y gobierno, pero la desconfianza es colosal.
¿Cuál es el temor de la IP?, ¿Por qué a pesar de todas estas señales siguen sin invertir recursos en México, ampliar su capacidad productiva o diversificar su presencia?, quizá debemos entender la estructura económica y productiva del país para entenderlo mejor. En nuestro país, de acuerdo con cifras del INEGI; existen poco mas de 7 millones de empresas, de las cuales el 95% son microempresas, es decir, son negocios que emplean a máximo 10 trabajadores.
El PIB se sostiene en un 60% por el sector terciario, es decir servicios y comercio, el 30% por la industria y el 20% por el sector primario, agricultura, minería y sector pecuario fundamentalmente. Sin embargo,
si analizamos el caso en términos de valor de mercado, 10 empresas (de acuerdo con los datos de Expansión y la Bolsa Mexicana de Valores), concentran el 50% del total: BBVA, Grupo México, Americas
Mining Corporation, Walmart de México y Centroamérica, Grupo Financiero Banorte, FEMSA, Infonavit y Grupo Financiero Inbursa, lo anterior, aunado a las aportaciones de PEMEX, CFE, America Móvil y Bimbo.
Estos son realmente los gigantes de la economía, aunque sean menos del 5% del total de las empresas constituidas en el país. En pocas palabras, tenemos una economía primordialmente microeconómica,
con pocas posibilidades de supervivencia y escalamiento, en su inmensa mayoría familiares y dedicadas a los servicios o al comercio.
De acuerdo con el reporte del IMSS al cierre del 2025, tan solo ese año, se dieron de baja 3 patrones por hora, ¿Qué esta pasando? ¿Por qué en México nos cuesta tanto trabajo hacer empresa?, no es falta de
talento, ni de ingenio, oportunidades, visión o esfuerzo, es que el microempresario enfrenta un desafió mayúsculo cuando se trata de emprender y sobrevivir. No solo no cuenta con este vinculo con las autoridades federales o estatales en su mayoría, sino que la relación con las autoridades municipales es muy conflictiva.
De acuerdo con el informe del IMSS, las razones principales para abandonar un negocio y darse de baja como patrón, tienen que ver en primer lugar con el encarecimiento de la fuerza de trabajo, esta actualización del salario mínimo que le ha pegado principalmente a la estructura mayoritaria de la economía en México, en segundo lugar se encuentra la violencia y la inseguridad, la extorsión tan solo en el 2025 extrae 71 millones de pesos cada día de acuerdo con las cifras de la COPARMEX, 71 millones de pesos diarios que provocan un encarecimiento de los bienes, perdida de clientes y temor de los emprendedores. También debemos hablar de la corrupción menor, aquella que exige mordidas para el otorgamiento de permisos, la agilización de trámites, la evasión de multas, servicios aduanales, etc. que tan solo para el 2024 ascendió a 11,900 millones de pesos anuales. Finalmente, pero no menos importante, la incertidumbre jurídica, la reforma judicial que no termina de cuajar, jueces inexpertos, escándalos de excesos, arbitrariedades o tortuguismo en la administración de la justicia siguen pesando en la opinión empresarial, principalmente porque se percibe como un riesgo que implica un desembolso adicional de recursos.
Es por ello, que cuando escucho propuestas como la del Plan de Infraestructura, que es una especie de Plan México 2.0, por un lado, me alegro de que el gobierno actual comprenda a plenitud la vital necesidad de generar las condiciones para que la inversión se asiente en nuestro país, pero por otro lado, veo los ajustes y las decisiones legislativas o ejecutivas que se toman sin considerar la estructura, sin pensar en atender lo importante más allá de las urgencias: Capacitación, asistencia técnica, financiamiento, vinculación empresarial y apertura de mercados, de suerte tal que las conversaciones y las oportunidades no sean para unos cuantos, quizá los mismos de siempre, sino que la riqueza tenga oportunidad de surgir desde la base, desde el emprendimiento, el negocio familiar de subsistencia, que con acompañamiento, podría crecer y a la larga, alcanzar una idea más generosa y equitativa de desarrollo.
MGPP Cynthia Valeriano López
Profesora de Economía
Tec de Monterrey, Campus Toluca
cvaleriano@tec.mx